A cubrir el 81,5% de las prestaciones por desempleo
A aumentar el 18,5 veces el programa de becas
A multiplicar por 5 el gasto en seguridad ciudadana
A incrementar un 280% el gasto en educación y sanidad
A subir un 13% el gasto social en España
A multiplicar por 11 la ayuda oficial al desarrollo
A aumentar 4 veces las políticas de fomento al empleo
A incrementar 25 veces la inversión en cultura
A ampliar 167 veces las actuaciones de apoyo a las PYMES
A aumentar un 106% la inversión en infraestructuras
A cubrir 4 años de investigación y desarrollo
GRACIAS A BANKIA AHORA SABEMOS QUE CADA UNA DE ESTAS
POLÍTICAS ES POSIBLE.
Este informe ha sido elaborado por United Explanations que
ha utilizado datos del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, del
Banco de España y del Ministerio de Economía y Competitividad.
Apuntes para la reflexión: El gobierno más opaco de la
democracia sigue sin dar su brazo a torcer para que se cree una comisión de
investigación sobre Bankia. Sin embargo, acude a su rescate solícito aportando
esos 23.500 millones de euros sino son más.
¿Qué tiene que ocultar? ¿Por qué tenemos que pagar los
ciudadanos la incompetencia de Rato, Blesa y demás adláteres? ¿Hasta cuándo
vamos a soportar estas indecencias y estos escándalos? ¿Qué más tiene que
ocurrir en este país para exigir a este gobierno, instalado en el descrédito y
en la mentira, explicaciones sobre sus actos? ¿Para quién gobierna el Partido
Popular? ¿Será cierto aquello de que la derecha o controla el Estado o lo
difama?
Para Bankia hay dinero, para los españoles solo hay
recortes, bajadas de salario y miseria. Se ha producido ya la temida fractura
social. Quizás ha llegado la hora de exigirle al Gobierno un acto de cordura y
que dimita en pleno.
He de confesarles qué desde que comenzó todo, hace ya
más de cinco años, ésta ha sido la primera semana en la que verdaderamente me
he sentido pesimista. Semejante hecho no tiene por qué ser, verdaderamente,
constitutivo de nada, puesto que ni yo, ni por supuesto mis opiniones tienen ni
capacidad para influir en nadie, ni mucho menos voluntad de hacerlo. Mas en
cualquier caso, el que yo no sea persona dada a caer en melancolías
conceptuales, unido al hecho de que mi factor emotivo permanece siempre por
debajo del estrictamente vinculado al segmento ligado a lo constatable, sí que
me lleva, no obstante, a considerar seriamente la posibilidad de que algo esté
empezando a calar profundamente a mi alrededor, modificando estructuralmente el
teatro de operaciones en el que se ha
convertido todo lo que envuelve la nuestra realidad. Un algo que, como todo
elemento sibilino a la par que perverso, juega sus bazas en silencio, apoyando
sus discursos en la farfulla, y logrando sus objetivos mediante los silencios
espesos.
A día de hoy, lo único que podemos expresar sin ánimo de ser
replicados, es la certeza de que nada volverá a ser igual. Todos parecemos
haber asumido que ya está, que hasta aquí hemos llegado, que la fiesta se
acabó. Los amigos de la linde, y los borrachos del discurso genovés, hacen su
agosto, obrando como si de echadoras de
cartas del mundo calé se trataran. A base de repetirlos, el discurso de que
el cambio se aproxima, ha ido haciendo mella en todos cuantos conforman nuestra
realidad, hasta conformarse en un precepto,
en un himno, ¿a la nostalgia, a la alegría, a la melancolía tal vez? Ya
nadie lo sabe. Sin embargo, lo verdaderamente peligroso, como suele ocurrir con
todos estos procederes, es lo que no se ve, es aquello a lo que tan sólo se
puede acceder acudiendo a la sensación, a la sensación de que, una vez más, nos
están contando sólo la parte del cuento que a los de siempre les interesa. Y
semejante sensación, adquiere rango de certeza absoluta, cuando verificamos, sin necesidad de acudir a las
Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, único verificador aparentemente
válido según El Gobierno del PP, que, inexcusablemente, otro es el hecho
que nos han colado “de tapadillo”. Un
hecho que, como en la mayoría de casos importantes, basa su importancia en la
naturalidad con la que se materializa a
partir del momento en el que constatamos no ya que el futuro ha cambiado, sino
que el presente, en forma de aquí y ahora, ya lo ha hecho, y de manera inexorable.
Porque sólo así se pueden entender cosas como que la
promueve que todo un Presidente del Gobierno sacrifique la transparencia que,
indudablemente ha de estar presente en todo acto gubernamental, amparando la
total ausencia de ésta en pos del bien común, defendido éste en forma de sostenibilidad de las estructuras de
gobierno. ¿Desde cuándo la transparencia en la forma de proceder un
Gobierno puede ir en contra de la estabilidad de la estructura en la que se
ampara dicha acción? O planteado de otro modo, ¿Cómo puede hace daño al Pueblo conocer sus miserias, como
paso previo a solventarlas?
Pero aquí desde luego no acaba la cosa puesto que, si malo
es que un Gobierno, amparado en la sempiterna
responsabilidad, se empeñe en oscurecer los cristales en pos de impedir la
acción clarificadora del Sol, pero es si cabe que una Oposición se alíe en con
él, mezclados ambos, a modo de contubernio, y no precisamente de la talla de el
de 1968, en pos no de impedir esclarecer, sino abiertamente de mantener opacos,
los motivos que han promovido no ya la consecución de ciertas acciones, sino
los todavía más vergonzosos si cabe, razonamientos que nos han llevado hasta
ellos.
Porque si el lunes amanecí verdaderamente pesimista, ayer me
desayunaba con el dato de la Prima de
Riesgo, hoy me he encontrado con algo si cabe mucho más dañino. El dolor
que me ha producido escuchar de boca del ya a estas alturas Exgobernador del
Banco de España, la expresión propia de que, si bien lo que me apetece es hablar, por responsabilidad no lo haré.
Si aceptamos una vez más la premisa de que vivimos en un
país regido por un sistema representativo,
hemos de asumir que el Poder que respalda al Sr. FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ, no es
sino uno procedente indirectamente en este caso de la voluntad del Pueblo. Y
digo indirectamente porque, al contrario de lo que ocurre con los cargos
destinados a formar parte de las instituciones gubernamentales, éstos, los
cargos técnicos, son directamente nombrados por los primeros, a modo de cargos de desempeño y confianza. Sin
embargo, ésta aparente complicación, no desmerece un ápice la convicción de que
ellos han de responder igualmente ante el Pueblo, bien en su carácter directo,
o en el que procede de su condición de haber sido nombrados por otro, en cuyo
caso arrastraría, o así debería ser, a éste en su caída.
Por ello, los comentarios del Sr. FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ, no por
reiterados adquieren menor viso de validez o certeza.
Para acceder a semejante plano, habremos de analizarlos en
otro contexto, aquél que se presenta ante nosotros, una vez más, cuando
analizamos ésta y otras declaraciones semejantes, véase al ingente Ministro de
Educación, cuando todos forman un conjunto cacofónico
cuyo único atisbo de afinación parte de la absoluta convicción que todos
manifiestan y a estas alturas ya ni se molestan en disimular, según la cual
todos aquéllos que no formamos parte activa de sus tejemanejes, somos abiertamente deficientes mentales, obtusos o, en
el peor de los casos, sencillamente idiotas,
en la acepción griega del término.
Y entonces es cuando, para despejar cualquier género de duda
que pudiera caber al respecto, D. Mariano RAJOY, en un hecho sin precedentes,
cual es el de dar su primera rueda de
prensa en solitario en España desde que es ¿Presidente del Gobierno? Convoca
a los medios en Génova. Evidentemente,
se siente más tranquilo rodeado de sus adláteres,
que haciéndolo en Moncloa, donde
habría de habérselas visto con sus acólitos. Y todos empezamos a comprobar
cómo se las gasta la Sra.
SÁENZ de SANTAMARÍA. A propósito, hoy en la Capital Federal de
Estados Unidos, la que tendrá ocasión de comprobarlo será la Sra. LAGARDE, en su
condición de GESTORA DEL FMI. Esa misma señora que ha recomendado a los griegos
que empiecen de una vez a pagar sus
impuestos, a la vez que asumen que el resto del mundo no está para resolverles
sus problemas.
Pero volviendo de nuevo al Sr. RAJOY, y ensalzando una vez
más su inexcusable voluntad de gallego, de nuevo lo que más fuerza tuvo
de su intervención no fue lo que dijo, sino lo que una vez más, como viene
ocurriendo en los últimos días, ocultaron.
A día de hoy, sólo una cosa está clara. Estamos virtualmente intervenidos. Como el ingente por contumaz Sr. De GUINDOS ha
tenido a bien aclarar hoy, BANKIA no constituye el origen de los problemas
financieros de España. En eso estamos de acuerdo, mas mucho nos tememos que si
se convierta en la tercera puñalada, la
que, como en el caso de Isbel de Castilla, haga bueno el dicho según la cual
“todas hieren, menos la última que mata.” Así, sumidos en el ejercicio de
la irrealidad, hemos de asistir cansados a la representación circense en la que
se convierte cada viernes la comparecencia posterior al Consejo de Gobierno.
Pero en este caso, la Pista Centralle estaba reservada al propio ¿Sr.
Presidente? El ejercicio, mezcla genial de malabarismo con prestidigitación,
requería por otra parte grandes dosis de concentración, y claro está, dominio
de la materia. Y
claro, ahí ha estado el error. El absoluto desconocimiento que RAJOY presenta
hacia las Instituciones Europeas, así
como hacia los protocolos que rigen su funcionamiento; desconocimiento éste del
que ha hecho gala en múltiples ocasiones en forma del más absoluto desprecio,
ha adquirido tintes melodramáticos, a modo del Satiricom, cuando lleva dos días paseando no ya por Europa, sino
por el Mundo, la idea descabellada de que sea el BCE el que venga a hacerle a él el favor de recapitalizar a
los bancos, a saber la joya de su corona,
claro está, sin pasar por el Gobierno el cual, como ya pasara en España con
otro asunto a un nivel no menos estructural, amaneciera un día radicalmente cambiada. Pero
desgraciadamente hay un problema. La propia conformación de la UE hacen de ella
una estructura paquiderma, lo que la
convierten en propia de cualquier
apelativo, menos el de ágil.
Así que, Sr. RAJOY, no es ya que España no disponga de un
año. Es que usted, en su condición política, tampoco lo tiene.
Parecía
que la victoria de los socialistas franceses supondría una bocanada de aire
fresco para el gobierno español, que podría aprovechar el tirón galo, para
sumarse a ese frente contra Angela Merkel, que busca políticas de crecimiento,
en detrimento de las políticas de austeridad. Nada más lejos de la realidad.
Nuestro insigne presidente constató en la cumbre de la OTAN, que sus tesis están más
próximas a la canciller alemana que a los vientos de cambio que comienzan a
soplar por Europa.
¿Por
qué este empecinamiento con los ajustes a la brava cuando no han dado ningún
resultado? ¿Por qué este alineamiento servil con los alemanes? Resulta
inexplicable seguir erre que erre con el mazo en ristre, máxime cuando este
país tiene que hacer frente a dos duros años de recesión, 2012 y 2013, como
resalta, en su último informe la
OCDE, la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que además
augura una tasa de paro disparada con porcentajes que el próximo año podrían
superar el 25%.
Da
la impresión, de que el Gobierno del PP considera que todos los expertos están
equivocados en sus teorías y que solo al ejecutivo le asiste la razón. En poco
más de cinco meses, con esa política de recortes y más recortes, subidas de
impuestos, reformas laborales y financieras, esta última por partida doble, o
asalto a las joyas de la corona, sanidad y educación, lo único que se ha
conseguido es una precariedad laboral desconocida, una economía en estado
crítico, unos servicios públicos en la
UVI y un estado del bienestar camino del cementerio.
Para
más inri, este festival de reformas, no obedece a un patrón fijo, ahí está la
prueba de dos reformas financieras en dos meses, más bien parece un ejercicio
de improvisación, sin hoja de ruta alguna en la que se apoyen estas medidas tan
dolorosas para el ciudadano. Son aplaudidas si, por Alemania, obcecada con que
España cumpla con el objetivo del déficit. Así que todo lo que sea recortar
será bendecido por la primera economía europea.
Pero
no por los mercados, que apoyados por especuladores de todo pelaje, siguen sin
creer en la marca España, esa denominación que tanto gusta a los ideólogos del
Partido Popular. ¿Cuál es la razón? La constante e irritante pérdida de
credibilidad de un gobierno instalado en la mentira, la irresponsabilidad y el
partidismo. El descrédito al que ha llegado este país ya no es fruto de la
herencia recibida, esa a la que machaconamente se refieren Rajoy y sus
ministros a la mínima oportunidad, el descrédito llega a través de la farsa en
la que se ha convertido esta legislatura desde el primer día.
Un
hecho al que desde el ejecutivo no se le da ninguna importancia, enfrascado
como está en dar gusto al todopoderoso socio alemán, pero que debería hacerle
reflexionar dado que ya son muchos los ciudadanos que comienzan a desperezarse
y hartarse de ser los únicos que asumen el peso de este descalabro económico. Unos
ciudadanos que asisten, cada vez más indignados, al éxodo de altos directivos
bancarios que se van de rositas, portando un buen saco de millones de euros cuales
forajidos de leyenda.
Hasta
la coronilla está una buena parte de la ciudadanía, al comprobar con quien se alinea
su gobierno, a quien o a quienes defienden sus gobernantes y a quienes respetan
hasta la pleitesía. Desde luego que no son aquellos que les votaron en masa y
les encumbraron a un lugar que ya no merecen por apuñalar, sin más sentido que
el caprichoso, al estado del bienestar.
Los
españoles siguen esperando sentados una comparecencia pública de su presidente
para que les explique las razones de estos tremendos ajustes, para conocer si
los sacrificios van a servir para algo y, lo más importante, para saber hacia donde se dirige el país. Ya
no es necesario sino imprescindible que Mariano Rajoy cuente, sin rodeos, el
futuro a corto y medio plazo de España. Porque da la sensación de que este
presidente lo es cuando almuerza o se fotografía con sus homólogos
internacionales, con los Obama, Hollande, Merkel o Cameron, pero no cuando
ocupa el sillón dorado de La Moncloa. Y
ya está bien.
Poco a poco, el tiempo, el gran agente balsámico
por excelencia, ejerce su labor. Sin embargo, no sin sorpresa, comprobamos qué,
en el caso que nos ocupa, el mero paso del tiempo no sólo no constituye alivio
alguno para nuestros problemas, sino que, por el contrario, el hecho de que
éste transcurra sin que por otra parte de observen en el Gobierno
“manifestaciones propia de existencia de Vida Inteligente”, no nos abocan sino
a la ya firme convicción de que, efectivamente, tenemos un problema.
La constatación diaria de la
realidad no sirve sino para comprobar como la convicción que algunos tenían,
según la cual el Partido Popular se había puesto al frente del país armado tan
sólo con la sacrosanta convicción de
que su condición natural supondría en sí mismo motivo más que suficiente para
promover la pronta resolución de los problemas que nos acucian; alcanza por
otro lado grado de absoluta certeza cada vez que asistimos a alguno de los ejercicios de gobierno que aparentemente le
son propios al Sr. RAJOY, en tanto que ejerce de su condición, no lo olvidemos,
de Presidente del Gobierno. Y si, efectivamente en ese rango también incluyo
las carreritas en las rampas del garaje del Senado.
Pero claro, la risa, si alguna
vez la hubo se trunca en llanto cuando constatamos no ya sólo que con estos bueyes hemos de arar, sino que
la manera de hacerlo es, en sí misma, altamente patética.
Cuando tras el triunfo de
HOLLANDE en las elecciones francesas, RAJOY corrió a recibirle diciendo que juntos emprenderían el camino que por un
lado rompería el dominio de Alemania, a la par que abriría una nueva etapa de
crecimiento para Europa, algunos, que somos por desgracia poco dados al
desenfreno, nos preguntamos, y lo hicimos en alto, cómo era posible que sendos representantes de ideas y formas de
concebir la Política tan dispares, pudieran llegar a ponerse de acuerdo en algo
sin que ello les supusiera un ejercicio de neurosis. Pero como uno está
ciertamente cansado de que le llamen agorero, y la Historia está llena de
alianzas imposibles basadas en el principio según el cual, el enemigo de mi enemigo es mi amigo, pues aceptamos renegar de
nuestra incredulidad a base de cogernos una melopea
conceptual capaz de hacernos creer que la Derecha Cavernaria
española estaba dispuesta a aceptar que no podíamos seguir recortando. Y así,
después de sufrir los efectos de la resaca,
decidimos apostar por la posibilidad de que el desenfreno en el que
aparentemente se halla instalado Mariano RAJOY, le llevara no sólo a dar un romántico paseo en barca con la Canciller, sino
que esperamos, pobres indinos de nosotros, que de aquello podía surgir algo más
que otro de los habituales revolcones
políticos a los que están acostumbrando en Europa a RAJOY.
Así que, evidentemente,
perdimos la apuesta. Nos
tocó pagar no sólo la cogorza, sino
que también hubimos de hacernos cargo de
la cuenta de destrozos varios. A saber, la credibilidad de España ante el resto
de países, la pequeña cajita en la que guardábamos los últimos vestigios de
orgullo (exteriores los había dilapidado por la forma mediante la que estaba
llevando la enésima crisis del Peñón.) Pero
sobre todo nos toca pagar, y muy caro cada día, la cuenta de intereses que los
acreedores que España tiene, nos pasan cada día. Hoy, sin ir más lejos, al 6%.
Y claro, si para nosotros, que
afortunadamente vivimos perdidos en
Gredos, estas cosas resultan indescifrables, para HOLLANDE, que el hombre sabe bien lo que se pesca, podéis
imaginaros lo que le ha costado calar a
RAJOY y lo que es peor, lo ladinas de sus intenciones.
Según me cuentan, el ultimátum tuvo esta forma: “si a lo más que aspiras es a disimular la
intervención disfrazándola de rescate financiero, vas dado si esperas que te
acompañe.” Al día siguiente, tenía lugar el bochornoso paseo en barca junto
a Ángela MERKELL. Allí, entre susurros y lamentos de enamorados, tiene lugar la
escenita según la cual poco menos que se ve obligado a ponerse de rodillas
implorando un hueco en la Conferencia Extraordinaria sobre Crecimiento de Bruselas.
Se trata de una cumbre que,
sin lugar a dudas, reúne múltiples peculiaridades. La primera, de entrada, su
nombre. En contra de lo que suele ocurrir en estos casos, su nombre sí que
tiene verdadera relación con su contenido. Porque la Cumbre para el
Crecimiento, pretende hablar verdaderamente de crecimiento, o lo que es más
importante a estas alturas, de la necesidad de comenzar a convencer a los
gobiernos de la UE de lo imprescindible que comienza a resultar, llegados ya a
estas alturas, comenzar a implementar políticas que sean capaces de superar el
trauma en el cual nos hallamos inmersos. Políticas que sean capaces de
constatar que otra manera es posible.
Supone lanzar la paloma al
aire, para ver si regresa con la ansiada rama de olivo, sustituyendo el periodo
de tensa espera, por otro en el que el ejercicio activo genere de nuevo, en sí
mismo, riqueza.
Pero como suele ocurrir
siempre, a toda fuerza de acción, le corresponde otra de reacción, que
inexorablemente actúa en sentido opuesto. Así, aceptar que el tiempo de las
Políticas de Crecimiento ha llegado, supone asumir de manera explícita el fin
de aquéllas otras que basaban exclusivamente en medidas recesivas, traumáticas por definición, su catálogo de
medidas para superar los tiempos que nos han tocado vivir.
Y entonces, un nuevo drama
tendrá lugar, y lo hará de manera brutal. El drama procedente de reconocer que
cinco años de sufrimientos no han servido para nada, sencillamente porque éste
no era el modo, sencillamente porque tal y como nos imaginábamos, si bien todos
esperábamos poderlo obviar, no hemos estado sino en manos de pirómanos que
habían asumido el papel de bomberos.
La macropolítica de todos los
países tiene un denominador común, la incapacidad manifiesta para proceder con
las decisiones de manera rápida. Si esto es
una realidad que se constata en el interior de cada uno de los países
por separado, no hace falta ser muy avispado para hacerse una idea de lo que
debe suceder en el seno de los Órganos de Dirección de los Veintisiete. Desde
tales premisas, resulta sencillo comprender que la inercia propia del
movimiento generado por la propia estructura es tal que hace que mientras los
grandes ya han comenzado a aplicar medidas correctoras, los periféricos sigamos
inmersos en la ejecución de procedimientos que han sido declarados ya
obsoletos. Desde la observancia de este hecho, resulta no ya sencillo de
comprender, sino casi lógico de asumir, que mientras unos países proclaman
abiertamente que el tiempo del crecimiento ha llegado, otros por el camino
sigan promoviendo que lo mejor es confiar en la sabia conducta de no gastar más de lo que no se tiene, ¿Os gusta
como definición del concepto “estrechez de miras”?
Y claro, las consecuencias son
tan nefastas como ridículas. Mientras unos abogan ya por la inversión en
producción, otros, como el Sr MONTORO, tienen que explicar en público que como
la única forma de financiarse que le queda a España es acudiendo a las Subastas
de Deuda, la mejor Política
Económica pasa por la adopción de medidas encaminadas a
fortalecer la imagen de confianza en España, que motive el flujo de entrada de
capitales extranjeros.
Vamos, la aceptación explícita
de que España, como no tiene tejido
productivo de ningún orden, no puede ni tan siquiera aspirar a salir de
esta por si misma, a la par que nuestra recuperación será si cabe mucho más
lenta.
Y luego llegan los informes de
los organismos internacionales, y te lo ponen todavía peor.
Así que claro, casi es de
justicia reconocerle al Sr Presidente que cuando, en el transcurso de su último
bandazo abandonó al resto de Países Miembros para posicionarse al lado de
¡MERKEL! Y conformar juntos el que algún día conoceremos como Binomio de la Austeridad, casi estaba
llevando a cabo un ejercicio de responsabilidad.
El 25 de julio se conmemora,
como todos saben La Festividad de
Santiago Apóstol, esperemos que para entonces todavía siga siendo Patrón de
España, a la par que podamos segur gritando ¡Santiago y cierra España! Él ya
sabe lo que es luchar contra los Bárbaros
del Norte.
O como diría alguien nada conocido,
alguien a quien la manera de desarrollarse los acontecimientos desde su muerte
ha dado plena vigencia de actualidad y certeza: “todos se van, poco a poco, retratando.”
Es hora de decir las cosas por su
nombre, decía hoy mismo el Sr. BASAGOITI desde la Cadena de Televisión todavía Pública. Pues hagámoslo.
Invitemos, aunque en principio sea humildemente, a todos nuestros oyentes
primero, con la esperanza de que luego, poco a poco, la idea transcienda. A lo
mejor de esta manera, dejando a un lado la falsa modestia, esa que tanto daño
ha hecho a este país en la medida en que adoptaba sus diferentes formas, entre
la que destaca la de falsa humildad; podamos, como primer ejercicio, llamar a
las cosas por su nombre.
Asistimos, lo repetimos una vez más,
a un momento histórico. Pero como novedad a ese comentario, aparentemente
repetido, podemos poco a poco, empezar a identificar a los protagonistas del
mismo.
Y si podemos hacerlo es porque efectivamente, se retratan. En una
entrevista nuevamente memorable, a cargo de la Sra. PASTOR, uno de
los valores en alza del PP, el Sr. BASAGOITI, decía entre otras lindezas que a España le ha llegado el momento de aceptar
que no puede gastar más de lo que ingresa, que inexorablemente el ejercicio de
transparencia que (ellos, el PP) acababan de hacer constituye un ejercicio de
gran transcendencia de cara a la apuesta que hacen para reforzar nuestra imagen
ante Los Mercados, la fuente a la
que España ha de tender a la hora de acceder a la
capitalización de los Bancos. Para ello, el esquema es claro, primero
austeridad que, a base de medidas y recortes devolverá la confianza perdida,
luego vendrá el tiempo de crecer.
Y según sus propias palabras son medidas que no me gustan, pero que sin
duda tendrán consecuencias electorales que, indudablemente asumirá como
propias.
Por fin las piezas comienzan a
encajar. Y para mi asombro, una vez más compruebo que lo hacen con la solvencia
propia de aquello que, en realidad, siempre estuvo destinado a ser así.
Una vez más, El Pueblo va por
delante de sus dirigentes. Lo que éstos catalogan bajo el epígrafe de incapacidad manifiesta de la masa para
alcanzar métodos que confluyan positivamente en la consecución de objetivos
realmente válidos para la defensa del bienestar común, (o sea, que todos somos
básicamente unos cretinos), se traduce en que El Pueblo, aplicando a plomo el Sentido Común, logra
verificar de manera inexorablemente acertada un único hecho, la Crisis conceptual y axiológica que nos
envuelve ha alcanzado hasta tal punto los cimientos del modelo basado en el Capital, que éste está, definitivamente,
acabado. Ésto, lejos de ser dramático, no hace sino poner de manifiesto un corolario que sí constituye, de manera
terrible la constatación evidente de un drama que se plantea de manera
evidente. Si el Sistema Capitalista yace
vacilante, herido de muerte, ¿Por qué se empeñan algunos dirigentes, entre los
que se encuentra desgraciadamente un cada día más lívido Mariano RAJOY, en
seguir alimentando a un muerto?
La respuesta es tan evidente, que
llegar a ella por métodos tan sencillos ridiculiza a sus actores, y banaliza
las conclusiones. El Estado está tan asustado, que ha olvidado no ya sus
funciones, como de hecho ha ocurrido. Ha olvidado incluso las bases que
sustentan su existencia:
“Nuestro Régimen sirve los intereses de la masa de los ciudadanos y no
sólo los de una minoría y. por ello, se le ha dado el nombre de democracia. En
los asuntos privados, los hombres tienen delante de la ley las mismas
garantías, y es el prestigio particular de cada uno, no su pertenencia a una
clase, sino su mérito personal, el que le permite acceder a los cargos y
magistraturas. De la misma manera, ni la pobreza de nadie, ni tampoco su
humilde condición social, son un obstáculo, si es capaz de servir a la patria.
Nos gobernamos en un espíritu de libertad, y esa misma libertad se encuentra en
nuestras relaciones cotidianas, en las que la desconfianza o el recelo están
ausentes y tampoco nos ofende que nuestros vecinos quieran vivir de la forma
que mejor les plazca.
En conclusión, yo afirmo que nuestra ciudad es, en su conjunto, un
ejemplo a seguir para todos.”
Acudimos con este pasaje, como no
podía ser de otra manera, a la
Historia. Tal es el caos qué, de nuevo, hallaremos en el
pasado la respuesta a las preguntas que el presente no se ha atrevido a hacer.
La quintaesencia del modelo
existencial en el que se engloba nuestro quehacer político, lo que puede ser deseado si cumplimos con lo que
constituye nuestro deber, así como lo que contiene una descripción práctica y a la sansón muy
acertada, de los procedimientos necesarios para conseguir su definitiva y
razonada implantación; se muestran en el mismo. Y lo hacen con un aplomo y una
certeza, realmente difíciles de derogar.
Así, resulta difícil acceder a otra
muestra más lograda que ésta, de lo que bien podría ser una definición elegante, casi postmoderna, de
algunos de los principios mas atractivos que aparentemente sanciona nuestra
Moral; una muestra en la que de
manera brillante y casi efímera, se solventan de manera hábil donde las haya,
aspectos fundamentales de nuestro aparentemente nuevo modelo de gobierno basado
en la democracia; cuales son una sorprendente por lo sobria definición ejemplar
de la democracia, junto con una sublime descripción de sus características.
Este texto, que está extractado de
la obra “Historia de la Guerra del
Peloponeso, 423-411 a.C.”
es obra de TUCIDIDES, un coetáneo de PERICLES, ya sabéis, el gran elemento
de aportaciones tan abrumadoras al marco de aplicación de una democracia la
griega del siglo V a.C, la cual, tal y como ha quedado puesto de manifiesto a
la luz del texto, sería de total y absoluta aplicación en la actualidad.
Para aquéllos que en este momento se
sienten abrumados, muchos de los cuales bien podrían formar parte de ese grupo
de elegantes indignados que por unos
u otros motivos podrían igualmente suscribir las bases de ese perfil de Factbook que reza algo así como Si perteneces a ese millón cuatrocientos mil
votantes que confiasteis en la Derecha, y ahora os sentís defraudados, pues te
jodes. A ellos, cabe sin duda decirles que realmente no se trata de abrumar
a nadie. Se trata, sencillamente, de hacer comprender a nuestro Gobierno que
así, definitivamente, no. Un no basado no en la escaramuza política, ni en la
desavenencia electoralista, sino un no basado en la convicción de que la justicia en la tumba, no es justicia.
Pero un no que, en contra de lo que
ellos practican asiduamente, no está basado en la técnica excluyente, sino que
parte de la convicción de que sólo acotando los desmanes de un Sistema que
pretende llevarse, entre sus últimos estertores, la racionalidad del pueblo al
que, no lo olvidemos, una vez representó, le obliga nuevamente a tomar las
riendas de su realidad, desde la convicción de que no hacerlo, aquí, y ahora,
conllevará aceptar de manera no pacífica, sino pasiva, la pérdida de libertades
y derechos fundamentales que por otro lado han costado demasiado tiempo no ya
conseguir, sino consolidar una vez se han vencido las barreras de unas mentes
en las que La Iglesia y La Derecha habían llevado a cabo una labor de
implantación realmente magistral.
La pregunta entonces es clara, y su
formulación obvia. ¿En qué nos hemos equivocado, dónde nos hemos dormido para
que documentos estructurales de hace dos mil quinientos años, adquieran hoy
pleno dominio de vigencia?
Tal vez baste un corto paseo por la
realidad que nos rodea, comprobando los retrocesos en el estado de derecho, viendo el ascenso de las estructuras autárquicas
por definición, o las francas cesiones en capítulos y libertades otrosí se
pensaban consolidadas, nos sirvan para
comprobar definitivamente que la actualidad no sólo no se nutre exclusivamente
del presente más rabioso, sino que a menudo tiene que recuperar un conato de
orden bebiendo en las fuentes del tranquilo pasado que, a medio plazo, espera, en estado latente, su
ocasión. Una ocasión que a veces se traduce en orgullo, si bien otras adopta la
firma de la vergüenza más dolosa.
Determinados medios de
comunicación españoles de postín, se han empeñado en denigrar y deshonrar este
oficio, a golpe de difamaciones, insultos, injurias, falacias, enredos,
cambalaches, calumnias, insidias, chismorreos o lo que es más grave, a través
de juicios sumarísimos, en los que el encausado, sin posibilidad de defenderse
y generalmente inocente, pierde tal condición para convertirse en enemigo
público de la sociedad.
Solo ellos, solo los
profesionales de estos medios, si es que se les puede denominar así, parece que
están en posesión de la verdad absoluta. Suelen ser juez y parte, pero este
insignificante y minúsculo detalle, no se tiene en cuenta por los adictos a los
mensajes, quienes felices y gozosos reciben su dosis diaria, ya sea en columnas
de prensa, en programas de radio o de televisión.
A cualquier noticia, por
intrascendente que parezca, se le puede dar la vuelta y convertirla en un arma
arrojadiza contra el enemigo; enemigo es aquel que no piensa como ellos o
simplemente que no está con ellos. Raramente defraudan a la afición porque les
cuentan, justo, lo que quieren oír. Valiéndose de una mal entendida libertad de
expresión, se lanzan como posesos a una carrera, cuyo vencedor es aquel que
manifiesta el mayor disparate.
Instalados en ese reino del
despropósito tienen, en estos días, su momento más lúcido. Y no es otro que
Bankia. No hay que ser un lince para observar hasta que punto les ha escocido
que el Gobierno haya tenido que acudir al rescate de la cuarta entidad
financiera, del país, que con los batacazos que se está dando en la bolsa, a
este paso se va a situar en el furgón de cola bancario. Les ha dolido
especialmente que una entidad auspiciada por el PP tenga que estar en boca de
todos y sea el hazmerreír en los círculos económicos internacionales.
Pero fieles a su estilo, los
trompeteros han salido en tropel para culpar del desaguisado al presidente del
Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, a José Luis Rodríguez
Zapatero, a Elena Salgado e incluso, pásmense, al exministro de Fomento José
Blanco. En ninguna de sus torticeras columnas hay mención alguna para el
exquisito Rodrigo Rato, quien, a juicio de estos gurús de la información, no
parece culpable de nada, incluso da la impresión de que no figuraba al frente
de Bankia. Es más, ni se menciona que percibirá una indemnización millonaria
pese a salir de la presidencia por la gatera.
Y es que cuando se trata de
lanzar dardos envenenados, nada mejor que acordarse de Zapatero y sus secuaces
y olvidarse de los verdaderos culpables. Aquí se demoniza todo lo que huele a
socialismo, a rojerío y a herencia recibida, y sin embargo se eleva a los
altares a quienes, sin sentido alguno de la responsabilidad, sin credibilidad y
a tijeretazo limpio, se están cargando el estado de bienestar con el
beneplácito de gran parte del país, que atenazado por el miedo asiste,
impasible, a este dislate en el que se ha convertido la vida económica y social
española.
Con un panorama que no puede
ser más desolador y con un país que no ve la manera de salir del atolladero,
estos tribuletes, de pluma afilada, están estos días que no caben en sí de
gozo, al observar, que al fin el Gobierno prepara el asalto a RTVE. La joya de la corona será tomada por las
bravas, sin consenso alguno y tras cambiar la ley de elección del presidente
del ente público, con el valor que da una mayoría absoluta, obtenida mediante
el engaño, la mentira y la desvergüenza.
Aquí se colocará lo más granado de la profesión. Aquellos
a los que hay que pagar por los servicios prestados. La televisión de todos
dejará de ser referencia internacional y se convertirá, de nuevo, en aparato de
propaganda. Acudirán como moscas para ocupar puestos que les permitan obtener
salarios escandalosos. ¿Qué les importa la crisis? Su hipocresía y demagogia no
conoce límites.
Son encantadores de serpientes porque no se les puede
catalogar de profesionales cuando adolecen de su sentido más estricto, informar
desde un punto de vista objetivo, o al menos, no tan sesgado como sucede
actualmente. Está claro que el periodista objetivo está en vías de extinción.
Ahora toca soportar este periodismo de colmillo retorcido, rastrero,
miserable, indigno y vil, impropio de una sociedad del siglo XXI.
Parece que hoy ha sido el día límite. Los estómagos no daban
más de sí, y de tal situación parecían hacerse eco las caras de sus Ilustres Señorías. Con la prima de riesgo por encima de los 500
puntos básicos, La Bolsa en cifras de 2003, y los intereses de financiación del Bono a diez años en convertibles
estratosféricos, ya parece una realidad clamada a voces, de nuevo en el Salón de los Pasos Perdidos, la que
viene a decir que solos, no podemos continuar el camino.
Pero a pesar de todo, o tal vez haciendo bueno el dicho que
reza lo difícil que resulta desprenderse de las costumbres bien asumidas; a la
salida de la Sesión de Control al
Gobierno de cada miércoles; aún ahí, el Sr Presidente del Gobierno, D.
Mariano RAJOY, parecía seguir empeñado en dos cosas. La primera, seguir
empeñado en que parezca que no lo es. O sea, sigue activo el papel según el
cual todavía a estas alturas, todo lo que ocurre dentro, o incluso alrededor de
este país, sigue teniendo su origen en la
nefasta herencia recibida. La segunda, seguir convencido en aparentar no ya
que a nuestro país no le pasa nada, sino lo que es aún peor, haber comenzado a
manejar, tal vez con demasiada solvencia la tesis de que a pesar de que a
España le pase algo, aparentemente no hay dinero suficiente que faculte un hipotético rescate. Valiente solución;
al final va a hacer bueno el precepto con el que la pasada semana me desmentía
un dirigente del PP, según el cual, una
de las cosas que diferencia a Mariano RAJOY respecto del anterior Presidente,
pasa porque éste prefiere guardar silencio cuando no tiene nada que decir. Por
el contrario el anterior Presidente no dudaba en mentir. Argumento de peso,
no cabe duda.
Revisados los acontecimientos acaecidos en el terreno de la Política Europea, y atendiendo a las circunstancias por los mismos provocadas en el
discurrir de la, en este caso Política
Doméstica, comprobamos qué, una vez más, las circunstancias atinentes no ya
a la adopción de medidas, sino incluso a la propia capacidad para disertar de
manera ordenada sobre la lista y condicionantes que sobre la misma operan
en relación a la calidad y categoría de los problemas que expresamente habrá de
afrontar nuestro país; pasa indefectiblemente por comprender la naturaleza de
las circunstancias que llevaron en su momento a la adopción de PolíticasMarco sobre las que hoy se asienta la mayoría de nuestra Acción de Gobierno, atendiendo
especialmente no ya a la naturaleza específica de las mismas, sino que habremos
de prestar un cuidado específico a los cambios radicales que en muchos aspectos
habrán sufridos elementos que en su momento representaban un factor de aporte
estructural.
Seguro que llegados a este punto, a nadie que permanezca
mínimamente atento, le resultará extraño que traiga a colación algo tan
aparentemente elemental como es El
Tratado de Maastricht, y más concretamente las condiciones tan especiales,
y por qué no reseñarlo tan concretas, en el que el mismo fue redactado.
Maastricht era mucho más que un acuerdo entre
países. Suponía el acuerdo por excelencia. Venía a suponer el triunfo
definitivo a la par que absoluto de los que durante años habían auspiciado la
superación de los viejos resquemores fundamentados el miedo al resquebrajamiento de las identidades
nacionales, en beneficio de la aparente unidad
política y conceptual que prodigaba un acuerdo que por fin se quitaba el
trauma de los acuerdos previos, sobre todo el de Roma de 1957; para, mediante
la aportación de una verdadera carta de
Derechos al Parlamento Europeo, comenzar de manera eficiente la construcción
del Edificio Europeo.
Sin embargo, todos estos buenos
deseos, no podían ni debían esconder el verdadero problema que, con ser
planteado por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra
Mundial, quedaba por otro lado muy lejos de ser resuelto. Su
formulación, por otro lado es, en realidad, sencilla: “Los verdaderos peligros
a los que ha de enfrentarse El Tratado, en caso de que verdaderamente quiera
convertirse en el motor de inspiración del
verdadero Proyecto que finalice con la unificación total de Europa bajo una
misma realidad Política y Conceptual, responde a realidades eminentemente
internas, de los propios países. Y éstas se manifestarán a medida que los pasos
que se den en la dirección aglutinadora de la que hace gala el Proyecto, pongan
en peligro no ya el concepto patrio del propio país, sino las consecuciones que
aparentemente haya ido obteniendo de su condición de País Miembro, Fondos de
Cohesión, Fondos FEDER, etc.
Sin embargo, el mayor problema al que tiene que hacer frente
la Unión Europea,
a partir de su concreción definitiva en el propio Tratado de Maastricht, pasa
precisamente por la excesiva maquetación de
la que el mismo hace gala. Del mismo resulta una unidad demasiado compacta,
maciza y aparentemente perfecta. Tan perfecta, que carece absolutamente de las
mínimas nociones de adaptación a las nuevas realidades, sean éstas de la
naturaleza que sean, forzando con ello la imposibilidad de tan siquiera imaginar
cualquier escenario que no respondiera al que en el mismo se planteaba.
De ahí el miedo a la nueva situación que la potencial salida
de Grecia de la
Unidad Económica plantea, no ya el peso de su propia
economía, que no llega al 3% del Producto Interior Bruto de la Zona Euro.
La semana pasada, haciendo mención específica de éste hecho,
aunque sin señalarlo expresamente, hube de decir que la impronta teutona, tan ampliamente desarrollada en
la mentalidad germana, nos obliga, si
queremos ser responsables, a comprender, y actuar en consecuencia de ese hecho
según el cual, los logros y desarrollos de Alemania corren y se producen de
manera inversamente proporcional a como
se desarrollan las consecuciones de la Unión Europea.
El 7 de febrero de 1992, momento en el que Maastricht queda definitivamente
constituido, algunos creen ciertamente conjurado semejante problema. Sin
embargo, la consideración sosegada de los hechos, llevada a cabo desde la
perspectiva de los años, ya han pasado veinte, nos lleva a exponer de manera
sucinta una cuestión igualmente fundamental: Los condicionantes económicos que desembocaron en la constitución del
Tratado, parten viciados de la realidad de estar ampliamente determinados por
las circunstancias recurrentes de una Alemania que, en aquellos momentos se
encuentra inmersa en las dificultades de una Reunificación que, de estar
avalada por los términos del propio Tratado, hubiera sido totalmente imposible
de ser afrontada.”
Decir que los intereses de Alemania no corren paralelos a
los de Europa, no debería constituir motivo de agravio, máxime cuando la
realidad diaria nos demuestra con hechos, relativos en éste caso a la
constitución de Deuda Soberana, que
al Banco Central Alemán le viene bien la especulación que sobre la economía de
ciertos países miembros se está llevando a cabo. Los bajos intereses a pagar,
convierten en muy atractivo al Bono
Alemán de cara a convertirse en refugio de los que especularon sobre
economías como la griega. A
propósito, uno de los países que nunca cobró la totalidad de los capitales a
los que Alemania debía hacer frente en concepto de resarcimiento por daños de guerra, era la propia Grecia. Si
alguien tuviera el valor de exigir a Alemania la reactivación de los
mencionados pagos, con intereses y reajustes inflacionistas, estos supondrían
casi el 300% del total del PIB de la zona Euro.
Lo dicho, las caras de hoy hacían presagiar como ciertas las
convicciones qua algunos manejamos según las cuales la Troika lleva meses recabando los miles de millones de euros que
hacen falta para un potencial rescate
económico de España. En números redondos, tres cuartos de billón de Euros. ¿Contribuirá
Alemania?