miércoles, 18 de enero de 2012

DE LA JUSTICIA IMPLÍCITA EN EL TIEMPO.


Cierto es que, por más que el asunto resultase de todas todas “jugoso”, no se encontraba entre mis prioridades la de escribir nada en relación directa con la muerte del Sr. FRAGA. No es menos cierto que, dado lo marcado de los considerandos ideológicos que denotarían cualquier título que por mi parte tuviese a bien dedicarle, despertaría rápidamente entre nuestros críticos una furibunda crítica, basada ésta, seguramente con precisión certera, en la aparente incapacidad demostrada para hacer Justicia por parte de aquellos que seguimos pensando que es, por otro lado de lo más injusto, que precisamente el mismo día en que algunos se sientan en el banquillo de los acusados por pretender arrojar un poco de luz sobre los crímenes del franquismo; precisamente uno de los secuaces de aquélla época haya conseguido irse tranquilamente a la tumba, en este caso afortunadamente por su propio pie.

A pesar de todo, no, no iba a disponer carnaza sobre la mesa de ofrendas para que los defensores de la verdadera tradición histórica pudieran desarrollar esa trabajada batería de consideraciones epistemológicas destinadas a enturbiar lo obvio. Ya sabéis, comentarios tales como que el golpe de estado de 1936 no sólo estaba justificado, sino que abiertamente era imprescindible. A propósito, el finado jamás disculpó aquélla acción, más bien la jaleó desde la distancia.

A pesar de todo no, no entraba en mis planes dedicarle ni un instante.

Sin embargo, hay cosas que en sí mismas merecen una respuesta, o más concretamente cosas qué, de permanecer impasible ante ellas, te hacen cómplice.

Vivimos en un país de papanatas. Semejante condición de la que afortunadamente nos avergonzamos, siendo éste el primer paso para curarnos. Así, es lamentable como hemos de comprobar día tras día que aquél viejo vicio, en su momento curado acudiendo a las socorridas plañideras, se ve hoy en día acrecentado de manera insospechada. Me refiero a esa extraña manía que en éste país tenemos de verlo todo blanco, o negro. En términos individuales, un comportamiento así sería rápida y necesariamente tildado como de infantil, o abiertamente inmaduro. Sin embargo, parece que aplicar semejantes apelativos a una sociedad, y más concretamente a un país, supone un paso atrás, como si negarse a reconocer un hecho por negativo que éste sea, supusiera algo más que un retroceso en la necesaria mejoría al respecto.
Ante semejante situación, se hace imprescindible la adopción de medidas mitigadoras de la lamentable situación a la que la cascada de declaraciones vertidas en los últimos días nos ha abocado. Así, burdo es tener que escuchar afirmaciones del tipo de que Manuel FRAGA IRIBARNE era un Político afable. Cierto es que el uso de algunos adjetivos debería de ser más comedido, por la necesaria adopción de la norma de que hay que, en la medida de lo posible, evitar insultar a aquéllos que ya no pueden defenderse por sí mismos plantando cara, por ejemplo a los que fueron sus ejecutores. En cualquier caso resulta igualmente inconsistente hacerle ahora culpable de todos los males de una época que, éste país continua haciendo votos, unos más que otros todo hay que decirlo, pase ya a una consideración estrictamente histórica.



Y como los pueblos acaban por tener una cita con la Historia, la cual por otro lado acaba por convertirse en su juicio, resulta especialmente sangrante que en esta fecha coincida también el hecho por el que el Juez Baltasar GARZÓN se sienta en el banquillo de los acusados.

La acusación de prevaricación administrativa constituye a todos los efectos la más terrible de cuantas un dispensador de administración pública puede verse obligado a asumir. Semejante afirmación, adquiere tintes de máximo dramatismo si el que la asume es un Juez. En ese momento, y por circunstancias evidentes sin que sea necesario aguardar al veredicto de culpabilidad, el drama al que la sociedad ha de enfrentarse supera a cuantos podamos imaginarnos en tanto que lo que se pone en tela de juicio es la condición de Justicia del país en sí mismo.
Por eso, llegados a semejante extremo, el deterioro al que se somete a todas las instituciones del Estado es tal que, no sería exagerado llegar a afirmar que, una vez todo haya acabado, convendría verdaderamente, por propia salud darle una vuelta completa al Sistema, en pos de la necesaria búsqueda de puntos de debilidad.

Sin embargo, lo que en un primer momento apuntaba al sonrojo se torna en verdadera y justificada ira cuando comprobamos como unos desaprensivos se permiten el lujo de someter a semejante stress a las Instituciones Estatales tan sólo por mantener intacto el renombre de unos hechos de los que ya la actualidad no se ocupa, y a los que la Historia se niega ya a prestar parapeto. Me refiero a que, llevar a la cárcel al Juez GARZÓN por tratar de pedir explicaciones sobre la vergüenza histórica que supone analizar la chapuza militar del 17 de julio de 1936, y sus consecuencias subsiguientes, entre las que podemos reseñar brevemente cuarenta años de dictadura; a ser posible antes de que ya nadie pueda responder por ello; constituye nada más que el añadido de otra ocasión miserable a la Historia Reciente de nuestra España. Una afrenta más a su seriedad, y un nuevo y no por ello menos insultante cuestionamiento de su madurez.

Y para más INRI coincidiendo con la muerte de uno de los que nunca reconoció como indebidos, cuestionables, o solamente incorrectos, semejantes acontecimientos.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

jueves, 12 de enero de 2012

DE CUANDO LA ESTULTICIA ES LA JUSTIFICACIÓN DE LOS DESMANES.


En la diferencia entre Ciencia y Creencia es, en este caso la misma circunstancia en la que, aparentemente se encuentra la justificación al maltrato al que sus dirigentes, o por ser más precisos su insigne Presidente, están sometiendo a sus ciudadanos. Al menos en una cosa decía la verdad cuando no hace mucho, esto es durante la Campaña Electoral, afirmó que él no haría distinciones de trato entre aquellos españoles que le votaron, y los que evidentemente no lo hicimos. Nos está tratando a todos de imbéciles por igual.

No se trata ya sólo de que haya faltado ostentosamente a la promesa según la cual “...subir los impuestos no entraba en sus planes...” Se trata más bien de lo insultante de lo expuesto por la Sra Vicepresidenta en el transcurso de su última rueda de prensa con motivo del Consejo de Ministros, según la cual “...(el hecho de que el Sr. Presidente no hubiera comparecido) se debía a un mero tratamiento de economía de procedimiento...”
Sin entrar a valorar cómo sienta el hecho de que en Berlín sepan antes que en España cuáles van a ser las medidas a adoptar, en tanto que tan sólo interesa la valoración que allí se haga; lo normal es que, sin entrar tan siquiera a valorar el efecto que esto tiene en la valoración de la clase política, la mayoría nos sintamos insultados en tanto que seguimos considerando que por ser los receptores de esas políticas, tenemos pleno derecho a estar completamente informados de las mismas en todo momento.

Y precisamente ahí puede radicar la desazón que a la actual clase política le lleva a no plantear en sus justos términos la cadena de medidas a adoptar. Asta hace unos pocos días, y así lo planteamos en su momento, una de las causas que parecía justificar esta actitud, pasaba por aceptar que los políticos no podían asumir el hecho de que la población en general podía encontrarse hoy lo suficientemente armada como para plantearse abiertamente la posibilidad de enfrentarse con sus propios medios a la situación. Este nuevo horizonte partiría de la ecuación según la cual el soporte cultural de que disponemos se constituiría en sí mismo como elemento suficiente para dotar a la población de conocimientos que actuarían como medios a la hora de afrontar las decisiones políticas, asumiendo además de manera democrática y moralmente correcta, las consecuencias que de tales acciones se observaran. Esto, en sí mismo, y sin entrar en demasiados considerandos, conllevaría la desaparición, si no la reestructuración de la Política y de su categoría tal y como la conocemos.

Por más que esto sea lo suficientemente desagradable en tanto que tal, una nueva realidad se muestra ante nosotros con todo su esplendor, haciendo además en sí misma buena la teoría de que a menudo, “...el excesivo brillo de la verdad nos impide acercarnos a ella sin deslumbrarnos.” Me refiero al hecho de que, a lo mejor, y sólo por dar una idea, resulta que a base de no preguntar los políticos han logrado convencerse a sí mismos de que dada la evidente estulticia de los administrados, los cuales ni tan siquiera somos capaces de entender el valor de aquello que en realidad necesitamos, necesitamos abiertamente de la excelsa participación de la clase dirigente la cual, acudirá de nuevo presta al rescate una vez hayamos saldado la eterna deuda de gratitud que para con ellos hemos contraído.

Sólo así se entiende el hecho de que a nadie se le haya pasado por la cabeza la posibilidad de plantearse, aunque sea vagamente si una mayoría razonable de españoles estamos dispuestos no ya sólo a los sacrificios que se nos exigen, sino que yendo un poco más allá, podríamos encontrarnos con la sorpresa de que muchos no estemos dispuesto a sacrificios...para esto que ellos quieren. Porque, llegados a este punto, ¿Alguien puede decirnos seriamente para qué quieren nuestro esfuerzo?

La manida respuesta de que esto es lo mejor para nosotros, que ahora adopta la forma de que “...sólo así seremos capaces de salir de la Crisis, aunque vosotros todavía no seáis capaces de verlo...” aparte de poner de nuevo de manifiesto lo que hoy constituye el tema central de nuestra exposición, no hace sino marcar la relevancia que empieza a tomar una circunstancia que algunos llevamos ya varios años planteando seriamente. Si evidentemente todos queremos salir de la Crisis, no será que en realidad el lado por el que cada una de las dos facciones quiera hacerlo sí puede en realidad tener mucha más importancia de la que nos hemos atrevido a darle.
La cuestión es obvia, y supone volver a plantear una de las últimas cosas con sentido que el ex-presidente Zapatero dijo: “...así que nadie se despiste, no será lo mismo salir de la Crisis por la Derecha, que hacerlo por la Izquierda....” Dada la aparente habilidad demostrada por los teóricos de la antipolítica, según los cuales hoy por hoy Izquierda y Derecha vendrían a ser lo mismo, algunos afirmamos que nada más lejos de la realidad. Precisamente de las decisiones que se tomen en estos casos, y más concretamente del Prisma Ideológico que resulte vencedor, podremos hablar no ya de una solución adecuada o no a la Crisis, sino más bien de una solución cuando menos duradera.

Lo que vengo hoy a plantear es, en resumidas cuentas, que no podemos caer en el todo vale. Somos responsables no ya sólo de las medidas que tomemos, también lo somos de aquéllas que justifiquemos se tomen bajo nuestra autoridad cedida, de manera que se da la paradoja de que ahora, en los tiempos que corren nosotros hemos de ser los que nos responsabilicemos de los actos de nuestra Clase Política, contraviniendo con ello los más lógicos principios en los que se sustenta la Teoría de la Transferencia de Poderes que se sitúa a la base de nuestros principios ¿democráticos?
Hace no muchas calendas, provoqué, consciente o inconscientemente, algunos desasosiegos cuando especifiqué que “…la Democracia es tan sólo un método aceptado en pos del cual autorregulamos nuestra conducta de cara a aquellos con los que compartimos Espacio y Tiempo. Se equivocan los que adjudican a la Democracia en si misma, el valor propio y las atribuciones de un Elemento Moral.” Traduciendo la máxima, queda claro que un comportamiento no aparece revestido del ornato propio de la bondad moral, tan sólo por venir avalado por un comportamiento armónico con las prebendas morales del momento.

Y es precisamente la aparición de la variables Tiempo, en forma precisamente de lo vinculante que resulta ese ahora, la que se muestra ante nosotros como actor indiscutible. El nuevo Tiempo requiere de nuevas variables. Hemos de enfrentarnos a problemas viejos, con soluciones nuevas. Sin embargo, el exceso de novedad puede pillar a algunos a contrapié, tal y como ocurre cuando ves a la Derecha Liberal haciendo equilibrismo en la cuerda floja, de cara a justificar planteamientos que atacan de plano a la base de su ideario.

Y surge aquí la pregunta decisiva. ¿Están preparados para cargar con las consecuencias y los sacrificios qué, indudablemente habrán de hacer en el terreno conceptual, sin perder por el camino aspectos fundamentales? En una palabra, la traición a los propios ideales se paga, con hemorragias de votos, y con dramas epistemológicos.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 4 de enero de 2012

DE LA DEFINITIVA RENDICIÓN DE LA POLÍTICA.


En estos Tiempos de Voracidad Histórica, en los que los instantes tienen el valor de decenios, y en los que la Realidad fluye ante nuestros ojos con la abulia propia del reo que es conducido hacia el final de su suerte, es cuando, paradójicamente, tal vez con más fuerza se haga imperioso recomendar el análisis exhaustivo de los acontecimientos que a nuestro alrededor se desarrollan.

El Tiempo de analizar acontecimientos nimios en tanto que banales por lo superficial, tales como asuntos de trajes, comisiones ilegales, y otras lindezas sobre las cuales ni aquí ni ahora pienso extenderme, ya pasó. Y desgraciadamente lo ha hecho de manera demasiado rápida, tal y como se desprende del escaso calado que ha tenido entre la clase votante.

No se trata tan sólo de que la población haya sido incapaz de aliviarse mediante el uso del sufragio de una caterva política cuya supervivencia en el poder sólo puede comprenderse aplicando para el análisis pautas propias de otra época hoy afortunadamente extinta. Se trata más bien de someter a consideración las consecuencias de dar a semejante estructura ideológica el poder casi absoluto, que se desprende de la cesión que ante ellos y sus diversos representantes se ha hecho de la práctica totalidad de las estructuras que para gobernarse se dio nuestra Sociedad.

El concepto según el cual La mayoría absoluta es la forma que la dictadura alcanza en el ejercicio de la democracia, ha sido brutalmente superada en tanto que el escrutinio de votos no sólo ha dotado de plenos poderes a la Derecha representada por el Partido Popular, es que lo ha hecho además en todas aquéllas instituciones gubernamentales en las que concurría.

No hemos digerido todavía el contenido de la jugosa rueda de prensa del pasado 30 de diciembre, en la que la Sra Vicepresidenta del Gobierno nos expuso de manera tan didáctica no sólo el desarrollo de las medidas extraordinarias, sino también, o incluso dedicándole más tiempo al relato de las causas de las que tales medidas proceden; cuando ya tenemos al boyante nuevo Ministro de Economía resarciéndonos con la amenaza fantasma que se deriva de ver a estos señores convocar Consejo de Ministros Extraordinario para el jueves. ¿Será en éste en el que se aborden de manera real las consecuencias de adoptar las medidas a las que han hecho referencia todas y cada una de las estructuras que, al respecto del tema tienen algo que decir?

Que nadie se despiste. No se trata de hacer sangre de la mentira. Ya saben, la que se desprende entre otras de escuchar al Sr. MONTORO decir que subir los impuestos no sólo no resolvería el problema, sino que abiertamente lo agudizaría en tanto que reduciría el Consumo, ralentizando el crecimiento. La Hemeroteca es, junto a los micrófonos mal cerrados, el peor enemigo de la Política actual.

Sin embargo, si la mentira es mala, la cobardía disfrazada de ambivalencia lo es todavía más. Así, algunos todavía estamos haciendo malabarismos a la hora de encuadrar en su justo lugar el ejercicio de prestidigitación en el que los SRs. MINISTROS DE ECONOMIA Y DE HACIENDA hubieron envolver el brindis al sol que hicieron el pasado viernes, momento en el que, con España parada, completamente pendiente de ellos, estos señores, una vez más, fueron incapaces de cumplir con sus obligaciones.

Una vez que han conseguido uno de sus mayores objetivos, que no es otro que el de adulterar la Política, destituyendo de la misma a la Responsabilidad, y descabezando todo comportamiento ideológico, haciendo universal la convicción actual de que la defensa de valores propios de la izquierda o de la derecha hoy por hoy no vale nada, en tanto que ambas son iguales al no poder dar una respuesta válida a la salida de la Crisis, nos encontramos con esa nueva regla no escrita según la cual la Socialdemocracia constituye el paraguas bajo el cual todo el mundo puede refugiarse por igual. Ya sabéis, un socialdemócrata es aquél que abiertamente comulga con el ideario romántico de la izquierda, si bien de cara a la gestión de sus capitales es el mayor de los conservadores.

Mas llegados a este punto, convendría ya empezar a preguntarse el porqué de que el actual Gobierno haga lo que hace; o mejor aún, interrogarse sobre el cómo lo hace.
Viene a decir un antiguo aforismo castellano que la espada, una vez hincada, hace menos doloroso su recorrido, cuando más presto y certero es su estocada. Traducida al Román-Paladinos, la cuestión bien podría ser: “Si ostenta todo el Poder, y lo haces por mandato democrático con una mayoría casi indecente, ¿Qué es lo que te detiene a la hora de tomar las medidas que te son propias, en base a cuya ideología has sido conducido a La Moncloa.”
He de confesar que hasta la mañana de ayer me tenían profundamente conmocionado. Se puede ganar un Gobierno desarrollando una Campaña Electoral en absoluto silencio pero…¿Se puede gobernar un país siguiendo los mismo principios? Sin embargo, escuchar al Sr FERNÁNDEZ Vicepresidente de la Patronal de Empresarios de España cuestionar tales medidas por blandas, llegando a afirmar que a este Gobierno no le debe temblar la mano de cara a adoptar esas medidas para las cuales ha sido elegido; ciertamente que me iluminan un poquito el camino de la interpretación.
El Gobierno del Partido Popular ha renunciado expresamente a gobernar, o al menos lo ha hecho en la forma en la que la Política tradicional nos tenía acostumbrados. La puesta en práctica de planes parciales, como los en definitiva asumidos por el Primer Consejo de Ministros de la era Rajoy, junto a la más que manifiesta falta de otras medidas por otro lado por todo el mundo esperadas, lo que hubiera reducido enormemente las contraprestaciones manifestadas por el Común, no hacen sino ayudar a alumbrar la firme convicción de que éste Gobierno, al menos tal y como se nos ha presentado, ha nacido con fecha de caducidad.

Una vez que las medias tornas desarrolladas pongan de manifiesto su poder, el simulacro de Gobierno con el que nos han entretenido, anunciará su absoluta incapacidad para gobernar (ahí tenemos ya a las plañideras diciendo que el déficit, por cierto en gran parte debido a la gestión de las Comunidades Autónomas por ellos presididas, hace imposible la adopción de medidas disuasorias como las esperadas.) Cederá el testigo a una incipiente tecnocracia, a muchos de cuyos miembros los habríamos encontrado sin duda en el cóctel que D. Emilio celebró el pasado día de Nochebuena. Y utilizará el rodillo de su mayoría absoluta para investir y legitimar las decisiones de aquéllos que, no lo olvidemos, jamás formaron parte de unas Listas Electorales, ni, por supuesto soñaron nunca con ganar unas Elecciones Generales.

Como un antiguo pagaré, se le adjudica un plazo no superior a noventa días.

Y como aperitivo categórico, las declaraciones del SR. De GUINDOS pronosticando, o sentenciando, el final del estado del bienestar. ¿Se le ocurre a alguien una manera mejor de justificar la adopción de “medidas extraordinarias”? De ser así, se agradecerá cualquier tipo de mediación, de verdad.

En definitiva, extraigan por favor sus propias conclusiones.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

DE LO DIFÍCIL QUE RESULTA PONER NADA NUEVO BAJO EL SOL.


Y para constatar semejante afirmación, nada menos que la afirmación hecha por Louis Phillipe de SÉGUR, quien afirmó de manera tajante que “Si no hay Moral, las instituciones no son nada.”
Cierto es qué, como ya afirmamos de manera más o menos elocuente la semana pasada, la Democracia es una forma elegida en torno a la cual erigir el Edificio de la Regulación Humana, no una Forma de Moral. Sin embargo, no es menos cierto qué, llegados al presente momento, en el que Su mismísima Majestad ha necesitado de su tradicional discurso de Nochebuena para poner sobre la mesa asuntos aparentemente banales, algunos de los cuáles han tenido que ser luego convenientemente rectificados en tanto en cuanto qué, precisamente como está ratificado en nuestra Carta Magna, no todos somos iguales ante El Imperio de la Ley, para quien no lo sepa el articulado de la misma concede al Rey eximentes extraordinarios de cara por ejemplo a las responsabilidades dirimidas de sus actos.
Así, el sorprendente hecho acaecido hoy, en base al cual los españoles hemos podido acceder al desglose de las cuentas de la Casa Real circunstancia esta que no ocurría desde 1979, nos lleva a la pregunta maliciosa, ¿Es que desde 1979 los españoles hemos sido demasiado ingenuos, o es que llegados a este momento, hay cosas “demasiado sangrantes”. De lo que llegados a este punto no cabe duda, es de que algunas cosas necesitan ser de nuevo explicadas, si no abiertamente reconducidas.

No será en éstas páginas, ni habrán de buscar en el espacio que las acompaña, dónde los maledicentes hallarán exabrupto o imprecación alguna contra la figura, presente o pasada, de la Regia Institución en España. Más allá de la opinión qué, en virtud de la función de la misma puedo mantener, y de hecho mantengo; sólo una cosa es cierta, en España, desde hace muchos años, resulta más complejo definir qué es nuestra nación, que desglosar las funciones de nuestros monarcas. Y para ello, el presente se manifiesta extrañamente más solícito que el pasado. Porque, ¿Cuáles son las funciones atribuibles, cuando no abiertamente exigibles a nuestro Rey?

Una figura de incuestionable notoriedad Humana, Política e Institucional, cual es Melchor Gaspar DE JOVELLANOS, acude en nuestra ayuda, haciéndolo además de manera gráfica e incuestionable a través del retrato que de él pintaría GOYA, en 1798, y a través del cual podemos entender perfectamente lo que significa la expresión “hacer que de tu función (la de Ministro de Gracia y Justicia), acabe por dolerte España.
¿Puede realmente doler un País?, o, dicho de otra manera, ¿No deberíamos hoy echar de menos, o a la sazón recordar tal requisito, otras veces imprescindible para acceder a la Política, a aquéllos que ocupan las bancadas azules en la Cámara Baja.?

El secreto de lo expresado en silencio por el retrato pintado por GOYA, se manifiesta hoy en por ejemplo el hecho que nos llena de sonrojo, y que nos hace venir aquí hoy, con el presente discurso. ¿Cómo puede un País permitirse el lujo de olvidarse de la conmemoración del Bicentenario de la muerte de alguien como MELCHOR GASPAR DE JOVELLANOS? ¿Puede éste descuido tener algo de voluntario? Indaguemos.
La vida pública de JOVELLANOS está salpicada de esos hechos y acontecimientos que a muchos nos llevan a decir qué, a menudo, la respuesta a las preguntas ubicadas en la superficie de la actualidad, hay que buscarlas en la profundidad del pasado. Así, si muchos de esos desvergonzados que ahora se olvidan de ciertas obligaciones para con la Historia y sus grandes, tuvieran un instante para ilustrarse, podrían sin duda encontrar similitudes entre nuestro farragoso presente, en el que las “primas de riesgo y los impersonales mercados” copan cuando no abiertamente presiden nuestra miseria; y aquella España de miseria y lujuria moral, en la que la Iglesia se resistía aún a reconocer que La Ilustración y su binomio natural, El Humanismo, habían ganado la partida. Así, el volumen de concepción reformista que se hallan implícitos entre otros en la propia Ley de Reforma Agraria de la que fue autor, o la calidad de los pasajes que de la Ilustración francesa nos regala en su obra Diarios, bien podría ser hoy tomada en consideración y aprecio por esos políticos que, voluntaria o azarosamente, se olvidan de reconocer ciertas aptitudes y valores.
Puestos a ser malos, ya que nos acusan de ello, lo seremos, uno de los motivos que pueden explicar las reticencias que el político moderno tiene hacia personajes como JOVELLANOS, lo encontramos en una cuidada descripción que el mismo hace: “Hombre no sólo iletrado, sino falto de toda clase de instrucción o conocimiento en cualquier ramo, y aún de toda civilidad, sin que los altos empleos pudieran cultivar la rudeza de sus principios.” Que nadie se sonroje si se ha reconocido en el bosquejo, y que a nadie se le ilumine en la cara esa media sonrisa propia del que acaba de dar con algo obvio; la descripción afecta a un coetáneo del autor, el conde de Lerena, el cual al final de su actividad había reunido una fortuna superior a los seis millones de reales.

La Política ha de nacer así, a pie de calle, subido permanentemente en el caballo, pero con el propio pie en el estribo. Sólo así podrá comprenderse lo verdaderamente real de una realidad que, no obstante la mayoría de las veces, permanece oculta al observador liviano. Sólo así podemos encontrar qué, de nuevo la Historia nos de no sólo la respuesta a preguntas presentes, sino que además lo haga describiendo previamente, y con todo lujo de detalles el teatro de operaciones en el que se dispondrán los actores que protagonizarán batallas que, pese a tener más de doscientos años, bien podrían ser de mañana.
Me estoy refiriendo, por si a alguien le cabe todavía alguna duda, al ambiente ruin, mezquino y plañidero, con el que se están observando, y abiertamente permitiendo, el que constituye desmoronamiento definitivo de ese Estado de Derecho, y, del Bienestar que tanto ha costado edificar, y que se está viniendo abajo arrastrando con ello no sólo nuestro presente, sino cualquier atisbo de mejora concebida esta para un futuro a corto o incluso medio plazo.
Una vez más, y citando para ello a los viejos demonios conocidos por la Historia, las Instituciones Negras, consolidan ante nosotros un escenario de vicisitudes en el que, no se cuestiona como permisible o inaceptable el hecho de que vayamos a perder nuestros derechos. La realidad, o al menos el efecto de realidad consolidado por ellos una vez finalizado el ejercicio de dramatismo al que sus agente nos someten, día tras día, nos convence no ya de que la pérdida de nuestras libertades y derechos consolidados es algo no ya necesario, sino incluso deseable por nuestro propio bien. Crece entre muchos la convicción de que, efectivamente, los pobres hemos vivido demasiado bien, tal vez el siguiente paso, la siguiente exigencia, nos lleve de manera definitiva demasiado lejos, haciendo imprescindible para aquéllos que fundamentan su existencia en el mantenimiento de las desigualdades, la adopción de medidas demasiado duras, en pos de mantener, o en su defecto restablecer, el equilibrio perdido.

Aunque parezca mitológico, para este hecho Baltasar Gaspar Melchor María de JOVELLANOS, también tenía un posicionamiento. En una carta dirigida al político francés Alexander JARDINÉ, le escribe: “jamás concurriré a sacrificar la generación presente por mejorar las futuras. Usted puede aprobar el espíritu revolucionario, yo no.”
Como en el pasado aquí citado, una vez más hemos de enfrentarnos a la acción de las sombras “¿quién podrá parar los golpes que al calumnia y la envidia dan en la oscuridad?” La respuesta la encontramos muchos años después, cuando MAEZTU afirma que “Ser es defenderse.”

Pero hay veces que la defensa no honra más que el propio hecho de merecer ser atacado; como al contrario resulta de comprobar qué, el desconocimiento olvidado de ciertas pretensiones te lleva a necesitar que otros te defiendan. Ni los discursos de Presidentes de Cámara recién nombrados, ni el amparo de las redes sociales aplaudiendo Discursos Televisivos pueden amparar el hecho de que ciertos yernos hacen más daño a ciertas instituciones, que siglos de arduas y fervientes explicaciones.
Y es que todas hieren, menos la última que mata.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LA LOGOLATRIA COMO FORMA DE TRANSCRIPCIÓN DEL SILENCIO.


En una época como la que nos ha tocado vivir, en la que ya ni espacio para Dios dejamos, no debería sorprendernos el hecho de que la nueva función de la Ciencia pase por buscar, mediante la implementación de factores finitos, resultados de calado infinito. Así, me sorprende la noticia por la que la psicoquinesia, a saber la ciencia que indaga en nuestros patrones estructurales, busque respuestas genéticas, esto es, concepciones previas, a la posible relación del Hombre con la idea de Dios.

Traigo esto a colación porque, después de asistir con verdadero interés al debate de investidura que pone en marcha la nueva Legislatura, uno ve cómo, de nuevo, la Logolatría se abre paso entre la realidad política que nos rodea, o más bien justifica de manera lamentable la acción, o la carencia de acción, de nuestros Políticos.
Los griegos, primeros responsables del Pensamiento en tanto que realidad cultural directamente asociada a la conducta humana,diseñan igualmente la correspondencia directa e ineludible a este respecto, cual es elaborar uno de los sistemas de creencias más complejos de todos los tiempos. Basado en el antropomorfismo, esto es, la conceptualización de las deidades a partir de la multiplicación por infinito de las capacidades intrínsecamente finitas de los Hombres, vienen no obstante a definir uno de los Principios Universales atemporalmente aceptados. Aquél que dice que de la nada nada sale.

Sin embargo, éste principio, a priori incuestionable a lo largo de los últimos dos mis seiscientos años, se ha visto asaltado, en la última semana, por sendas manifestaciones de la realidad, en un principio igualmente incuestionables. Así, el recientemente descubrimiento en relación al bosson de Higgs, gráficamente denominado “la partícula de Dios”, pone en tela de juicio el propio hecho de que el vacío, a saber la última acepción que a Dios parecía quedarle, ni tan siquiera exista.
Por otro lado, los discursos de D. Mariano RAJOY en campaña, a todas luces últimas acciones de manifestación de vacío que quedaban, no sólo han cuestionado que de la nada se pueda obtener algo. A él concretamente le han proporcionado la Presidencia de un Estado, nada menos que el español.

No se trata en realidad de que no haya dicho realmente nada. Se trata más bien de la manifiesta acción de no decir nada. A estas alturas, a nadie se le escapa el tipo de medidas a las que este, o cualquier otro Gobierno habría de enfrentarnos. Lo único que a estas alturas sometemos a consideración es el dolor que las mismas van a conllevarnos.
Cómo habrán de estar las cosas, cuando el silencio te puede llevar hasta el mismísimo Palacio de la Moncloa. Sin embargo, una vez aceptado esto, no es menos cierto que, ya va siendo hora de decir algo.
Al cierre de la presente, no sólo ni tan siquiera conocemos la composición del Gobierno. Con la salvedad del portavoz del Gobierno alemán, nadie conoce el tipo ni el calado de las reformas que éste gobierno pretende acometer, digo que el mencionado las conoce porque las elogiaba pública e impúdicamente, más que nada porque me parece una falta de desvergüenza que, como en el caso del despido de ciertos entrenadores, conozcan el asunto los propios periodistas antes que el interesado; en tanto que en este caso, el pueblo español, tenga que seguir haciendo quinielas en las que la irrupción en escena de determinada imagen de una foto de teléfono móvil, hace saltar todo por los aires. A propósito, yo no veo al SR. GALLARDÓN dirigiendo a nuestras tropas. De ser así, algunos enterrados en cierto lugar recientemente objeto de análisis histórico se removerían en sus tumbas. Me refiero claro está a algunos de esos que están perfectamente identificados, porque “se ganaron el derecho a estarlo”.

Entro abiertamente en materia si digo que, desde ya, una vez jurado el cargo, y en tanto que la mesa del Congreso está discutiendo si enero va o no a ser hábil, bien es cierto que muchos esperamos, por no decir exigimos, que se empiece a decir algo.
Como ya han ido adelantando los portavoces no nombrados, tales como la SRA. de COSPEDAL cuando anunció “que sin duda nos iba a doler”. Tal y como hoy mismo hacían en CATALUÑA, donde han puesto fin a los corrillos y las especulaciones implantando para el año que viene el copago sanitario, al final, lo único que pedimos es que alguien con alguna notoriedad nos ilustre en relación al tamaño del aparato con el cual nos van a...trepanar la cabeza.

Y todavía algunas potenciales ministras venían esta mañana a decir que “Mariano RAJOY maneja perfectamente los tiempos”. Efectivamente, los tiempos marcados en el compás con corcheas de silencio.

Planteaba el SR. RUBALCABA a la salida de la rueda de prensa que, el Sr RAJOY había manifestado abiertamente su voluntad acerca de “hablar de hablar”. Realmente el asunto no plantea ningún trabalenguas,ni mucho menos constituye ejercicio alguno de originalidad.
En conducta social aplicada, esto es en Política, se define la RETÓRICA como el conjunto de reglas y procedimientos que unidos forman el Sistema competente para definir lo que se llama discurso bello. La perversión del recurso provoca resultados denominados sofismas, esto es, acciones léxicas imposibles de conjeturar. En términos empíricos eso confecciona los llamados sofismas, esto es, discursos políticos que, bien por voluntad propia, o bien por incompetencia, carecen de cualquier valor una vez sometidos al complejo análisis del procedimiento Lógico.

Lo que propiamente se denomina hablar por hablar, esto es, hablar sin decir, constituye un ejercicio que sólo adquiere valor si la fuerza del discurso estriba en el discurso en sí, esto es, si la belleza del mismo justifica su existencia. De esta manera, la Logolatría viene a ser el proceso de degeneración por el cual el agente emisor se acaba enamorando del discurso en tanto que tal, alcanzando en sí el máximo de degeneración política.

Corren malos Tiempos. A nadie se le escapa que no podemos permitirnos el lujo de perder el tiempo. Sin embago, sólo una pregunta cabe hacerse. ¿Es consciente el enamorado en éste caso de la Naturaleza de su amor?

Luis Jonás VEGAS

miércoles, 14 de diciembre de 2011

ARRINCONANDO A DIOS…Y A LOS INGLESES.



Desde que Filósofos Presocráticos como Anaxágoras de Clazomente, y Aristarco de Samos, Sentaran la base firme del Pensamiento Humano, aquella que nos permitió Salir del Mito para adentrarnos en el Loghos, sólo una cosa tengo clara, hasta el punto de permitirme la excusa inexcusable de ponerla sin ningún género de humildad, a la misma altura de la anterior sentencia. La casualidad no existe.

Por eso, cuando esta mañana me desayuno con la maravillosa noticia de que a Dios, entendiendo esto como idea y concepto, cada vez le quedan menos lugares en los que esconderse, una alegría enorme me embarga, una alegría semejante a la que el explorador noruego debió sentir tal día como hoy, hace cien años, cuando su descubrimiento y ubicación del Polo Sur, permitió a la Humanidad cerrar otro capítulo más de esa larga por no decir infinita novela en la que a menudo se ha convertido el hecho de vivir.

El descubrimiento del Bosson de Higgs, la Partícula de Dios como se le conoce también en los campos científicos extraoficiales, constituye un logro de inestimable valor en tanto que supone un hito que supera con mucho a los otros alcanzados por la Ciencia en su condición de binomio inexcusable para la Humanidad.

Lejos de explicaciones sesudas, el avance, cuantificable en términos de que por fin se han encontrado pruebas solventes de que la mencionada partícula no sólo existe, sino de que se comporta realmente como la Comunidad Científica había previsto, constituye un logro de primer orden en tanto que afecta a todos los esquemas del Conocimiento. Para que nos demos cuenta, una de sus primeras implicaciones directas viene a decir que el “vacío”, tal y como lo conceptualizábamos, no existe, ya que tal fenómeno no está definido.

Hace dos mil seiscientos años, los Maestros Filósofos Griegos habían sentenciado categóricamente. “…Así, la nada es inaceptable como previa al principio, puesto que sólo una cosa es cierta, de la nada, nada sale.”

Precisamente embarcado en una carrera hacia la nada, es a lo que parece dirigirse la Gran Bretaña, a raíz de los acontecimientos, o más concretamente del giro que estos han tomado, una vez analizadas las consecuencias de los actos, catalogables qué duda cabe como de irresponsables, atribuibles casi a título particular a su Premier, Cámeron.

“Esta vez has ido demasiado lejos David” o “ Sus propuestas de chantaje son inaceptables, más bien por proceder de usted, no pese a proceder de usted” constituyen tan sólo algunos ejemplos del nivel de hipoxia moral en el que el Primer Ministro Británico debió verse envuelto en las reuniones del Consejo de Europa que debía de promover la salvación definitiva del Proyecto Europeo.

Como suele ocurrir en este tipo de casos, nunca un empeño tan grande en separar, tiene resultados tan unificadores. A cualquiera que le digas que Gran Bretaña es la única responsable de que a una reunión entre veintisiete países unidos en dos grupos, aparentemente incompatibles entre sí; para salir luego también en este caso dos grupos, uno que integra a todo el mundo, en causa común contra el otro, cualquier analista con un mínimo conocimiento de Historia, te dirá que eso sólo puede lograrlo Gran Bretaña.

A la muerte de Felipe II acaecida en septiembre de 1598, sólo dos cosas parecían estar claras. La primera pasaba por la aparente convicción de que su hijo, Felipe III no sería capaz de gobernar el flamante imperio que heredaría. La segunda, que Gran Bretaña sería uno de los primeros responsables de esta situación. Por ello, presintiendo su muerte como próxima, Felipe II inició una serie de actos conciliadores, que van desde la negociación de la paz con los Países Bajos, accediendo a su “independencia” dejando al mando a su hija Isabel Clara Eugenia, poniendo así los ciernes al incipiente Estado de Holanda, hasta la retirada inmediata de la participación en los asuntos franceses e ingleses.

Sin embargo, los retrueques históricos y genealógicos, hicieron que en 1601 Felipe III optara oficialmente a la Corona de Irlanda. Los beneficios, tanto potenciales como de facto de aquél hecho, constituían una ocasión demasiado maravillosa como para dejarla escapar. Al hecho real de poder poner coto a las incursiones militares en Holanda, así como a la prestación de auxilio a los rebeldes de Países Bajos llevada a cabo por Gran Bretaña en la Guerra de Dominio que España libraba en Holanda; se unía la para nada desdeñable posibilidad de entrar por la retaguardia del enemigo, haciéndole notar permanentemente nuestro aliento en su cogote.

Por todo ello, y amparado por la autoridad que proporcionaba el apoyo de más de sesenta jefes de los clanes que formaban el Consejo de Estado de Irlanda, tal día como hoy catorce de diciembre de 1601, Juan de Águila, marinero nacido en El Barraco, hacía bueno el dicho de que los mejores marineros de la Armada no habían visto el mar hasta bien alcanzada la edad. Se plantaba en el puerto de Castlehaven Irlanda, con una flotilla de más de 20 naves entre galeras y semejantes, con casi siete mil hombres dotados y armados. El propósito era doble, por un lado hacer realidad la posibilidad de hacer nombrar a su Rey, Felipe III, Señor de aquéllas tierras. La segunda, librar con los ingleses la batalla que el desastre de La Invencible nos había negado años atrás, poniendo así “al orden” a los ingleses.

Una vez más, la suerte nos fue adversa, y en esta ocasión el drama se materializó en la mezquindad de la falta de decisión de un monarca que no supo, como antes ocurriera a Aníbal en Roma, o a Scipión en Cartago, destruir al enemigo de manera definitiva.

Al final, la historia de Juan de Águilas constituye otro de esos episodios en los que la bilis es tanta, que el personaje se retira renegado a su tierra, consolidando con ello esa injusticia tan terrible según la cual ni su pueblo le recuerda.

En parecidas circunstancias, y salvando las distancias, hoy poco han cambiado en realidad las cosas. La neurosis que por aquél incipiente siglo XVII convertía a La Religión en argamasa que tan pronto unía como separaba a Europa, ha sido sustituida hoy por el nuevo valor, por la nueva moral. La defensa a ultranza de La City de Londres, a saber último vestigio de la nueva religión europea, último reducto de El Capital Europeo, han traído consigo la paradójica consecuencia de unir si cabe con más fuerza si cabe a los países europeos en la comunión de un solo hecho, el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

De verdad David, ni Isabel ni Margaret hubieran soñado llegar tan lejos. “Y para esto hicimos tantas guerras…”

Luis Jonás VEGAS VELASCO.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

DE LAS CRISIS DEL PRESENTE, Y DEL HALLAZGO DE SUS CAUSAS EN EL PASADO.


Cuando la última semana de noviembre de 1504 contempló la agonía mortal de la Reina Isabel de Castilla, su conocida política dinástica dejaba ciertas incertidumbres, tal vez, una de las más sonadas sería la que algunos años después, al embarcar en La Coruña camino de la coronación al frente del Sacro Imperio Romano Germánico planteara su hijo, “Alemania será europea, o Europa será alemana.”

Superados los quinientos años desde aquellas que resultarían proféticas palabras, muchas son las sinrazones que han guiado a Europa a la actual situación, una situación que ya no le cabe duda a nadie, es tan insostenible como irreversible.

Los últimos años, vividos como todos sabemos en un clima que en lo político y lo económico sólo tiene una interpretación, cercana en cualquier caso a lo increíble, nos han conducido irremediablemente al actual presente. Un presente que se enmarca dentro de la concepción del fracaso, y que tiene a la improvisación como guía de comportamientos que, en comparación con el conocido inmovilismo que siempre ha caracterizado a las Instituciones Europeas, convierte en vertiginoso el ritmo de actuación en el que unos y otros, instituciones e individuos con atribuciones, se han manifestado.

Evitando en la medida de lo posible las comparaciones en tanto que odiosas, hemos de decir que una de las circunstancias que ha diferenciado al proyecto europeo respecto del modelo real estadounidense, pasa por la absoluta incapacidad de improvisación que tienen respecto de si mismas las instituciones europeas. Verdaderamente, para cualquier profano resulta evidente y sorprendente comprobar como los distintos organismos, instituciones y centros de poder europeos parecen estar verdaderamente diseñados en pos de impedirse respectivamente la adopción de medidas, o de responder otrosí a las medidas tomadas por otros.

Volviendo a la Historia, hoy se conmemora el 70º Aniversario del ataque de la aviación nipona a la base que en Hawai tenían los Estados Unidos de América, ataque que como todo el mundo sabe trajo inevitablemente aparejada la entrada de éstos en la IIª Guerra Mundial. Casi dos años antes, otro ataque también por sorpresa al no darse declaración previa de guerra, ponía patas arriba a Europa en virtud de los ampliamente desasosegantes afanes de expansión de una Alemania que por aquél entonces justificaba entre otros en la excusa aria la necesidad de ponerse al frente de una Europa, y de un supuesto proyecto europeo en tanto que la manifiesta debilidad de los países al frente, tales como Gran Bretaña y Francia, ponía en serio peligro la consecución de tales planes.

Mucho han cambiado las cosas, tanto que incluso el mapa de las alianzas se ha volcado. Así, todos asistimos estupefactos a las maniobras del nuevo eje, a saber Berlín-París, según el cual la nueva Europa no se discute ya si será de una o de dos velocidades; directamente se afirma que el que no esté a gusto, puede irse por donde ha venido.

Una vez que el binomio MERKEL-SARKOZY ha tomado la iniciativa, como hace más de setenta años, al resto tan sólo les queda posicionarse tras los efectos que sean consecuencia. Si entonces Gran Bretaña se echaba en brazos de un W. CHURCHILL magnífico en tanto que experimentado estratega, no es por desmerecer pero, la actual administración de la isla sajona no ha ido mucho más allá de emitir un tibio comunicado en el que afirman el más que seguro veto de cualquier decisión que pueda perjudicar los intereses de Gran Bretaña. ¿Pueden hacerse a la idea de por dónde hubieran ido los tiros de haber al frente del Foreing Office alguien de la talla de TEATCHER.

Y si por recurrir de nuevo a la Historia, analizamos el comportamiento de España en el transcurso del mencionado conflicto, y buscamos en la respuesta del Fürher a la insinuación de FRANCO a entrar definitivamente en la Guerra: “ya tengo bastante con los problemas que me originan los italianos”,

En base a ello, y aunque sólo sea en este caso por no perder el tren, o en pos de las ventajas que siempre proporciona estar sentado en los pupitres de adelante, es por lo que los Srs ZAPATERO y RAJOY, actuante y cesante respectivamente en el cada vez menos honorable cargo de Presidente del Gobierno corren presas del frenesí a ponerse de parte del acuerdo franco-teutón, sea éste el que sea.

Y como la Historia está llena de vicisitudes, todo ello en la semana en la que conmemoramos nuestra fiesta constitucional. Me han dicho que la Constitución anda por Palacio, llorando por los rincones, en tanto que ya ve como no puede retrasar más la conocida epidemia de la Reforma Constitucional. No se trata ya de modificar la Ley Sálica, o cosas de estética por el estilo. Se trata de ir poniendo sobre la mesa de verdad cuestiones tales como la inevitable cesión de atribuciones de poder específicas e inalienables en pos de garantizar con ello el éxito del proyecto europeo. De esta o salimos juntos, o no sale nadie.

A propósito, hoy Isabel de Castilla ya no tiene ninguna duda respecto de la pregunta planteada en su momento.

Luis Jonás VEGAS.