miércoles, 28 de enero de 2015

AHORA QUE YA CONOCÉIS MI PALABRA ID, Y PREDICADLA POR EL MUNDO.

La afirmación, cuya autoría dada nuestra evidente connotación occidental es perfectamente reconocible sobre todo a partir en este caso de las intoxicaciones  que inexorablemente han acompañado el proceso de conformación de la realidad que reconocemos como propia, viene en este caso a cuenta de las emociones tan enfrentadas que en mí ha provocado el discurso con el que el Sr. Presidente de, no lo olvidemos, todos los españoles, decidió hace apenas unas jornadas clausurar la denominada Convención Política Nacional. O sea, una suerte de arenga destinada como ninguna otra a poner las pilas a los suyos, tal vez para asegurarse de que no dejan de serlo, una vez que parece evidente la cada vez más clara imposibilidad de sumar si quiera por medio de métodos ultraortodoxos, savia nueva al Partido.

En mitad pues de un proceso que a todas luces obedece más a lo pasional que a lo estrictamente racional, que a lo estrictamente político, la suerte de interpretación que del más que estresante año quince algunos hacen sobre todo en materia evidentemente electoral (o quién sabe si electoralista) nos lanza, desgraciadamente a todos a una suerte de vorágine de la cual nadie, absolutamente nadie, puede aspirar a salir ileso. La carrera de autos locos en la que parecen incurrir todos y cada uno sin excepción de cuantos de alguna manera podían verse implicados en el proceso, no hace sino poner de manifiesto el cada vez más claro y por ello si cabe más preocupante, ambiente de camaradería en el que la identificación del enemigo común parece haber sumido a los que a la sazón tienen la sagrada obligación de seguir siendo los abanderados de la acción política, que una vez fue sin duda democrática, por medio de la cual se sostiene, no lo olvidemos, esta ficción que llamamos Democracia.

Pero a la Democracia le ocurre como a la Física que acompaña al movimiento asociado al movimiento de una bicicleta, a saber, que su estabilidad, imprescindible por otro lado, depende de un equilibrio por definición inestable. En consecuencia, la supervivencia de tal movimiento está inexorablemente ligada a la aparición de dos variables que pueden darse o no en concurrencia. Por un lado, la propia de la habilidad que en términos de aptitud demuestre el que pedalea. La otra, mucho más recurrente, en tanto que menos exigente en todos los términos, pasa por sustituir el equilibrio por el mero efecto de la fuerza, resumido el proceso en el lacónico tú mira hacia delante y no pares por ningún motivo.

Dicho así, parece más que evidente que disponer de un Miguel INDRAIN, que tener a mano a un Pedro DELGADO, bien podrían convertirse en circunstancias dignas de envidia toda vez que, al menos a priori, contar con un buen profesional dedicado a la consecución de aquello que constituye el objetivo, ya sea éste individual o colectivo, se pone rápidamente de manifiesto como una de las mejores opciones.

Sin embargo, resumiendo en un hecho la derivada del paradigma castellano hermosamente esbozado en el “con estos bueyes hemos de arar”, incurrimos en el baño de realidad que supone levantarse cada mañana con la constatación de que efectivamente, Mariano RAJOY sigue siendo Presidente del Gobierno de España.
Asumida semejante premisa, constatada pues la larga sucesión de procesos hipotético-deductivos que de la misma estamos obligados a sacar; es desde donde uno ha de inferir las connotaciones que desde un carácter que yo me atrevería a describir como propensas a lo psicosomáticos; pueden impulsar a las denominadas personas integrantes del Común, a votar de manera consciente las propuestas encabezadas por el Partido Popular. Reduzco de forma voluntaria el espectro a la connotación física, al propio del que muestra connotaciones pragmáticas toda vez que sigo creyendo, quién sabe si por estulticia, que con el componente ideológico, con el que forma parte del Programa Oculto, jamás llegarían a tragar, aunque solo sea si no por dignidad, sí al menos por salud.

Pero si el contexto electoralista puede traducirse en un ambiente tan pernicioso que lleve a algunos a alimentar aunque sea vagamente, la idea de que hoy por hoy  de verdad existe gente a quien la interpretación de las políticas desarrolladas por el Partido Popular le permiten asegurar que han influido positivamente en su vida, devengándose de tal hecho la coherencia evidente en forma de voto activo para tales consignas; de lo que creo no cabe la menor duda es de que pocos son los que habiendo votado de manera digamos dubitativa al Partido Popular, o sea los que condicionaron su voto a la verdadera y sincera interpretación de un Programa Electoral puedan, hoy en día, renovar de forma activa su confianza en el partido que indefectiblemente se ha reído de ellos una y otra vez bajo el paraguas extenso que les proporcionaba el argumento de la herencia recibida.

Es por ello que, a título literal de corolario, podemos extraer sin excesiva enjundia que pocos son o serán los que activamente estén dispuesto a renovar su confianza para con las consignas que, no lo olvidemos, a título de adelanto de los protocolos que luego habrán de conformarse en las formas de gobierno, constituyen previamente el Programa con el que se concurre a cada una de las citas electorales. Y es aquí donde estamos casi seguros que hasta el Sr. Presidente, a pesar del sin duda desgaste que los muchos quehaceres propios de la acción de gobierno puedan traer aparejados, le lleva sin duda a la evidente conclusión de que malo es que te engañen una vez, pero si dejas que te lo hagan dos veces no consigues sino que alguien acabe por espetarte el grado de merecimiento que semejante conducta tiene para con quien la lleva a cabo. Y la corriente de calor que te sube por el cuerpo a título de catalizador de la mala leche española que semejante descubrimiento infunde, es algo que estoy seguro no le gusta a nadie, incluyendo por supuesto a los electores confesos del Partido Popular.

Por eso, Sr. Presidente, aún lejos de encontrarse en mi ánimo el dar consejos, no resulta menos evidente que la interpretación efectuada por figuras de la talla del Sr. Arriola, en base a la cual todos y cada uno de los males pasados, presentes y futuros que asolan el más que furibundo panorama que sirve para describir el escenario de presagio electoral en el que se mueve el Partido Popular, están exclusivamente vinculado a una mala elección en lo concerniente a la política de comunicación; no obedece sino a la constatación evidente del último acto de enajenación mental transitoria al que resulta imprescindible recurrir para inferir un día después al de cada una de las citas electorales que están por venir en el que el Partido Popular pueda renovar ni una sola de las posiciones con las que parte.

Es por ello que, sin acritud. ¡Viva el vino!

Con todo y con ello, no me resisto a determinar que espero sinceramente que no quede ni un solo resquicio por el que puedan osar colarse las consabidas lavadas de cara, propias de los periodos pre y electorales. Que nadie sienta la menor tentación de sentir lástima de quienes no han dolido en prenda a la hora de traducir sus políticas en acciones tan conocidas como específicas, algunas de las cuales han tenido su interpretación específica en el sufrimiento de por ejemplo esos padres que hasta ayer mismo tuvieron que estar padeciendo para que les devolvieran los servicios del profesional sanitario que les habían recortado bajo el inhumano argumento de que como su hijo no alberga esperanzas de sanación, los servicios de un fisioterapeuta son innecesarios.

Obras son amores, y no buenas razones. El aforismo, netamente traído a cuenta, parece subyacer a la constatación evidente de que una vez que les hemos visto gobernar, una vez que han metido la patita por debajo de la puerta, a nadie puede caberle la menor duda al respecto de quiénes son, y lo más importante, para qué han venido.
Por ello Sr. Rajoy, una vez que el confeti ha sido barrido, como lo han sido la mayoría de las ilusiones de los integrantes de la generación en la que me integro. Una vez que el olor del autobombo ha sido sustituido por el olor de la angustia de ese padre que no sabe a ciencia cierta si sus hijos van o no a comer hoy; lo único cierto es que considero poco menos que ofensivo el que usted achaque todo, incluyendo lo que a mi entender es hoy por hoy un compromiso de responsabilidad, a una mera cuestión de incomunicación inducida por una mala elección de la estrategia comunicativa.


Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 21 de enero de 2015

DE CUANDO LA MOFA SE INSTAURA COMO SEÑA DE IDENTIDAD. DE LOS PACTOS DE LA MONCLOA, A LOS PACTOS DE SILENCIO.

Subyugado una vez más por la realidad, inicio de nuevo mi atavío en pos de tratar de comprender la realidad, para lo cual si cabe hoy más que nunca, he de prestar especial esmero a mi ardua labor la cual prosigue envolviendo la actualidad en jirones de esperanza, procedente ésta no tanto de esperar dádivas del futuro, como sí más bien de preparar mi maleta con ropa cálida y recuerdos del pasado, una vez definitivamente convencido de que habré de buscar en el pasado las respuestas, comprobado una vez más que nos han robado nuestro futuro.

Empachado que no ahíto. Intoxicado que no saciado, lo cierto es que cuando me dispongo un día más a emprender el viaje siguiendo los pasos de Alicia, buscando como ella la realidad en El País de las Maravillas una vez comprobado hasta qué punto hablar con conejos blancos que buscan sus guantes de ceremonia, o jugar a las cartas con la Reina de Corazones no tiene que suponer un ejercicio de ficción mucho más estresante que ver en cualquier informativo cómo mamarrachos carentes de cualquier forma de vergüenza se esfuerzan por arrebatarnos la nuestra; no deja por el contrario de someterme a una presión que cada día gana en intensidad, catalizada ésta por las acusaciones veladas de unos en forma de silencio, las cuales para otro adoptan formas de lo más variadas, mas no por ello menos hirientes.

Es por ello que sabiendo como especialmente trascendental el resultado que hoy pueda dirimirse al final de la redacción de estas pocas líneas, lo cierto es que acudo a las mismas con la sensación tranquila que da el saber no solo que no soy el único que adolece de tal estado, sino que personajes mucho mejor dotados que yo para esto de la reflexión como bien puede ser el Maestro Gabilondo han firmado terceras de la talla del “Estamos hartos de estar hartos” reflexión que siempre desde mi particular punto de vista, bien podría constituirse en uno de esos tan escasos y tal vez por ello más valiosos puntos de fuga, a partir de los cuales comenzar la reconstrucción de todo esto una vez tengamos las agallas suficientes para asumir que lejos de haber tocado fondo, en este país llamado España sus ciudadanos tienen los santos cojones de seguir cavando. Y todo por la templada convicción de que al enemigo no hay que darle agua, y en verano a lo sumo, polvorones. Para luego sentarnos a ver cómo se ahoga.

Confeso pues de la desazón, a nadie habrá de sorprender que exprese lo  inconfundiblemente español del escenario que contempla mis andanzas si digo que a escasos centímetros de mi mano descansa un ejemplar de Los Pactos de la Moncloa; mientras que en el suelo, lugar que ocupa  no por dilación ni por zozobra, sino que por motivos a mi entender suficientemente justificados; descansa un recorte de prensa que reza: Bárcenas abandona la cárcel tras reunir los 200.000 euros constitutivos de la fianza.

Es así que si una torre conforma el símbolo de sendos países como Francia o Gran Bretaña; otro monumento, en este caso erigido en pos de la mediocridad parece hoy constituir no ya el mejor homenaje, cuando sí la descripción más ajustada a derecho que de nuestra querida España puede hacerse.

Porque presentados ya los personajes, bien podemos ir dando por comenzado el espectáculo. Y ya el preámbulo promete porque…¿Cómo es posible que lapso de tiempo por el que apenas transita una Generación Sociológica a este país le dé tiempo a firmar respectivamente uno de los periplos más dignos de su Historia, y uno de sus episodios más vergonzosos y vergonzantes respectivamente?

Convencido como estoy de que lo patético del hecho no subyace tanto al hecho especifico de la excarcelación del todavía presunto delincuente, como sí más bien al que convivamos en un Estado cuyas Leyes convierten en absolutamente legal a la sazón que legitimo el que tal excarcelación se produzca; lo cierto es que todo esto me conduce una vez más a plantear la cuestión otras vez barajada en función de la cual es más que probable que en contra de lo que la mayoría pudiera llegar a pensar, en este país no hemos avanzado mucho, es más, tras un somero proceso de observación bien pudiera darse el caso de que nos sobrecogiésemos ante el impacto que causarían los por otro lado más que flagrantes casos de evidente retroceso.

Y en medio de todo esto, la Ciudadanía. Lejos no ya solo de ser, cuando incluso tan siquiera de parecer inocentes, la conducta del Pueblo, o más concretamente la ausencia de ésta, pone de manifiesto hasta qué punto los ardides y maniobras ejercidos por aquéllos que necesitan la complicidad unas veces, y el silencio otro, han triunfado generando con su victoria, a modo quién sabe si de variable secundaria una correlación de suertes y sucesos que como en el caso de la teoría del barrido de la mariposa han acabado por confeccionar un escenario en el que las sucesión de disparates y triquiñuelas hubieran dejado estupefacto al mismísimo VALLE-INCLÁN.

Pero lo cierto es que los esperpentos constituían, una vez más, verdadero Arte, escrito por ello con mayúsculas. Sin demorarnos mucho más de lo justo, y por supuesto no menos de lo necesario, resumiremos diciendo que todo, y por supuesto el contexto en forma de detalle, se cuidaba hasta la extenuación. Hoy, por el contrario, solo lo chabacano priva.

Por eso, por la necesidad de navegar en el contexto; y cómo no, por estar una y mil veces convencido de que efectivamente el Demonio descansa con fruición en los detalles, es por lo que me resisto a tachar solo de insultante el más que cercano paseo que el Sr. Bárcenas nos dedicará a lo sumo mañana cuando un compendio de decisiones de leguleyo confabulado con la mediocridad le regalen una bocanada de aire fresco.

Recordando el corto espacio que separa aquél lamentable “Luis, sé fuere, mañana te llamo”, de aquél otro “Luis el cabrón.” Transitando por el conocido “No todo lo que usted dice es cierto, a lo sumo algunas cosas.” Lo cierto es que solo desde la perspectiva que proporciona el tiempo cuando se erige en nexo de cohesión destinado a dotar de supremacía a tamañas disposiciones, es cuando por otro lado podemos empezar a intuir la magnitud del bochorno que se nos avecina. Máxime cuando ésta es solo concebible desde la perspectiva que nos proporciona lo ya sufrido. ¿O es que de verdad alguien ha pensado sinceramente que el espectáculo ha pasado?

Para ir haciéndonos una vaga idea de lo que es objeto de lo que se está dirimiendo, se me antoja suficiente una sola pista: cualquier caso en el que el encausado ya no se halla en prisión, pierde todo viso de prioridad a la hora de dirimir la vista. Por si a alguien no le queda claro, la posibilidad de que el comienzo del juicio por el denominado Caso Bárcenas pudiera coincidir con la Campaña Electoral de, por ejemplo las Elecciones Autonómicas y Municipales, ha quedado totalmente conjurado.
Pero si alguien necesita más, le invito a que añada el espectáculo dado no hace muchas calendas en relación al traslado del Juez Responsable.

¿El puzzle adquiere forma, o les hago un dibujito?

Sea como fuere, lo cierto es que no se trata ya de si efectivamente, esto solo pasa en España. Lo que a mí me deja absolutamente maravillado, es de nuevo comprobar el grado de sosiego con el que el español medio se lo toma todo.

Pues nada señores, repitamos una vez más la ya vieja discusión de si son galgos o son podencos, y contemplemos una vez más dichosos cómo nos comen la merienda.

Lo tendremos, como casi todo, absolutamente merecido.



Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 14 de enero de 2015

UNA SOCIEDAD QUE ACCEDE A PERDER LIBERTAD A CAMBIO DE GANAR EN SEGURIDAD, NO ES DIGNA NI DE LO UNO, NI DE LO OTRO.

                                               A. Lincoln

La frase, atribuida al decimosexto Presidente del Gobierno de los Estados Unidos, a la sazón el primero en ostentar tal cargo como activo de las consignas de los Republicanos, parece, al menos como pocas responder a la vieja cuestión por otro lado tantas y tantas veces defendida desde estas mismas líneas, en base a la cual pocas son las cuestiones que realmente son dignas de lucir la etiqueta de novedosas, por más que el periodo en el que ejercen su control pueda estar, efectivamente vinculado a la realidad que nos es propia.

Sin embargo, basta un ligero repaso a esa misma actualidad, cuando no a la realidad en general, para comprender hasta qué punto la mediocridad, denominador común bajo cuya consigna se instauran no ya personalidades políticas concretas, sino más bien regímenes políticos enteros los cuales parecen competir en una alocada carrera sin sentido en la que la última sinrazón parece erigirse en la pionera en una suerte de Olimpiada del sin tino, en la que los primeros puestos de esa malograda clasificación, parecen estar todavía vacantes. Pero lo creamos o no, hay auténticas bofetadas por las medallas.

La situación, digna por si sola de acaparar no solo la portada de actualidad de cualquier semanario de humor de cualquier país de Europa; parece conducirnos hacia el perfil más propio de la ironía, de no ser por que sencillamente, es trágica. Así, en un ejercicio descabellado, en el que, repito, no podemos establecer con plena sensación de dominio qué es lo que verdaderamente responde a lo propio de la realidad, y qué lo por el contrario se ubica en los perfiles propios de lo rocambolesco; no hace sino aproximarnos de manera un tanto baga a la intensidad del surrealismo en cuyo seno se debate no ya la realidad, en tanto que tal, cuando sí más bien, y ahí subyace precisamente el peligro, la integridad de los individuos sobre cuya existencia, no lo olvidemos, recae la responsabilidad de mantener vivo este proyecto denominado Sueño Europeo.

Aparece así pues una vez más, y si cabe con mayores bríos, la sensación tantas y tantas veces rememorada en base a la cual será nuestra y solo nuestra la responsabilidad de que el mencionado sueño sobreviva. Cualquier intento de excusa plañidera a posteriori, vincula ¡cómo  no! a la acusación de incompetencia vinculada a la dejación de funciones desarrollada por nuestros políticos, que no ya gobernantes (de cuya encomienda hace ya tiempo que dimitieron) no solo no será atendida, sino que más bien dará lugar al bochorno generalizado en forma de chufla castellana toda vez que del mismo se extraerá además la firme conclusión de la negligencia desde la que a su vez se habrá conducido el ciudadano, otrora o de nuevo demasiado confiado en ceder a otros sus responsabilidades que se muestra incompetente hasta para reconocer tales conductas una vez éstas ya se han producido, pudiéndose así mismo reconocer sus consecuencias sin demasiado esfuerzo.

Así, entre comentarios propios de memos, como los atribuidos hoy mismo al Primer Ministro Británico vinculados a su voluntad de cierre sobre cierta red social, o las incongruencias morales pronunciadas por un Mariano RAJOY que hoy se ha empeñado en mostrar coherencia conductual para con lo que hasta ahora era solo incoherencia semántica; viajando como alma que lleva el diablo a Grecia no tanto a apoyar a los Socialdemócratas, como si más bien a apagar el incendio que se prevé masivo en toda Europa en forma de subimiento de Partidos cuya semántica de triunfo hay que buscarla en la ira crecida de la apatía de los ciudadanos. Curiosa la sensación que ha despertado el escuchar sus palabras en Rueda de Prensa. No se trataba solo de que no haya necesitado plasma. ¡Por un momento hasta me he hecho a la idea de que nuestro Presidente sabia hablar en público! Al final los hechos han catalogado tal afirmación como carente de razón a la vista de la realidad. Pero lo cierto es que ver a Mariano desenvolverse en un feudo en el que las cosas van todavía peor que en el suyo, que por cierto es también el nuestro, ¡me ha dado qué pensar!

Pero lo cierto es que una vez recuperada la compostura, lo único que nos queda es el drama que subyace a comprobar cómo todo, absolutamente todo se desenvuelve de acuerdo a una semántica por otro lado del todo estructurada.
Así y solo así podemos llegar a entender cómo en el momento adecuado, en el instante preciso, una sucesión de acontecimientos, a cada cual más lamentable en tanto que dramático, acude en su magnitud en ayuda no tanto de unas exiguas instituciones, cuando sí de unos desvencijados gobernantes los cuales han mostrado por otro lado de manera expeditivas sus carencias en pos de diseñar el modelo no ya para el que recibieron su encomienda, como sí más bien el que hoy resulta imprescindible para Europa.

De esta manera, la obsolescencia generalizada parece haber hecho presa generalizada no tanto en Europa, como sí más bien en el mundo entero justificando, cuando no promoviendo una abulia generalizada que llega a los ciudadanos en forma de apatía la cual se vuelve caldo de cultivo inmejorable para converger en un contexto a partir del cual considerar como viable la generación de cualquier escenario, de cualquier realidad.

Así, desde el instante del ya, introduciendo la variable tiempo, la que nos faltaba para completar este cóctel contextual, unos y otros se las ingenian para, mediante la barrabasada de la legislación en caliente, lograr meternos goles, cuando no abiertamente comulgar con ruedas de  molino, a la hora de hacer justificables condicionantes que de haber sido sometidos a la cuestión pública hace tan solo unos pocos días, hubieran sin duda recogido su premio en medio de merecidos pitos y chanzas.

Pero como decíamos, la situación tiene de todo, menos gracias. Así, situaciones propias de instituciones totalitarias, cuando no abiertamente fascistas, se habren hoy por hoy paso de manera no solo desvergonzada, sino francamente cargadas de absoluta autoridad. Y todo ello desde el vergonzante silencio de la mayoría. Un silencio espeso, agotador en tanto que agobiante, en tanto que se extiende como solo el toque a difunto sabe hacerlo por las calles de nuestros pueblos.

La pregunta es obvia: ¿Quién ha muerto? La respuesta es obvia, pues todos nosotros morimos un poco. Y lo peor es que lo hacemos de manera vergonzante, pues morimos como traidores al ser incapaces de plantar cara a un enemigo que en realidad nos resulta desconocido, aunque para defendernos de su potencial ataque hipotecamos de manera absolutamente real derechos y libertades que tal vez por ser del todo nuestros, en tanto que nos han sido dados, no estamos preparados para defender.

Hace ahora setenta años necesitaron de una Guerra para ponernos en nuestro sitio. Ahora, con trece minutos de disparos y setenta y dos horas de drama, les ha bastado para quebrar un modelo, el de las libertades, que si bien no era perfecto, sí que se asemejaba a lo mejor que podíamos imaginar.

Ahora que vengan a convencerme de que el mero paso del tiempo implica siempre, progreso.



Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 7 de enero de 2015

DETRÁS DE MÍ, EL DILUVIO

Esa es a todas luces la conclusión, que ni siquiera el desarrollo, que parece extraerse de la larga a la par que sucesiva concatenación de declaraciones y contradeclaraciones que se han producido a colación de una más que interesada filtración vinculada, no lo olvidemos, en un principio y sin más que a un rotativo; por más que éste sea alemán. Por más que las mencionadas declaraciones puedan pertenecer a la que parece ser la reencarnación de Dios en la Tierra, a saber la Canciller no del mundo, cuando sí más bien de los cielos, la Todopoderosa Ángela MERKEL.

Rechazando desde un primer momento la tentación de entrar a discernir sobre la viabilidad de tales declaraciones en lo atinente a sus desarrollos técnicos y funcionales, y justificando este rechazo en una conjunción de desgana y prudencia toda vez que la condición de realidad estrechamente vinculada al sector económico me lleva a confesar la solidez de mi ignorancia ante tamaña condición; lo cierto es que de lo que no me abstraigo por un segundo más es de mostrar mi absoluto rechazo ante la ingente marabunta de ¡silencios! que las mismas han traído aparejadas.

Es así que, tal y como suele ocurrir con la mayoría de las cosas que poseen en sí mismas cierta importancia hoy en día, la constatación de esa importancia viene a deducirse no tanto de lo aberrante de las declaraciones que provoca, como sí más bien de lo bochornoso del escandaloso silencio con el que son acompañadas.
Siguiendo si no con la misma, sí con parecida técnica, para comprender la magnitud de la, en este caso bomba mediática que sin duda las mencionadas declaraciones deberían haber provocado, hemos de proceder a sumergir nuestra nave no tanto en las intrincadas como sí más bien a todas luces procelosas aguas en las que se convierte el río de las lecturas en segunda derivada. Río de tránsito cada vez menos recomendable, no son pocos los que a pesar de acumular gran experiencia en el conocimiento de su discurrir, han terminado por sucumbir a su cada vez más turbulenta corriente. Una corriente traicionera, llena de remolinos impredecibles, en los cuales se esconde y regocija el devenir de la bestia que más que condicionada por la lectura entre líneas, se siente no en vano cada vez más fuerte, preparada para devorar primero y quién sabe si regurgitar después a su segunda víctima.

Es así que una vez se ha comido piezas menores, no en vano dirigentes políticos, partidos enteros después, han venido a constituir la que podríamos llamar su dieta de mantenimiento, nada ni nadie parece hoy por hoy competente para poner coto a semejante capacidad para fagocitar. Así, hoy no hace falta ser muy avispado para comprender hasta qué punto ha decidido que para saciar su apetito no le basta con el menú. En un salto de calidad, ha pasado a considerarse digna de comer a la carta. Su próximo plato, La Política, en sí misma, una vez que aliñada con esos silencios a los que antes hacíamos alusión, le hemos servido a la Democracia, de la que por cierto, no va a dejar ni los huesos.

Llegados a este punto, y una vez que el drama supera con mucho al cinismo, haciendo con ello más patente la desazón; se nos antoja del todo imprescindible ampliar la perspectiva de nuestras indagaciones toda vez que parece ya del todo evidente que otros son los verdaderos parámetros que desde un principio instigaron la que es ya que no un festín, como sí más bien una orgía a la que parecen haberse invitado todas las jaurías que vienen a componer una biodiversidad durante largo tiempo ignorada.

Entonces, de ser así, ¿dónde subyacen los condicionantes cuya verdadera alineación ha venido a desencadenar tamaño desastre?
Dado que sin duda hay que buscar un condicionante cuya proporción, bien sea en magnitud, o por integración con otros, permita evaluar su impacto en los términos conocidos, posicionados éstos además en un grado adecuado de afección tanto en términos de pasado, como por supuesto de presente y por ende de futuro, pocos son los elementos que tanto en el terreno de lo político, como por supuesto en el de lo económico, y en el de lo sociológico, pueden aspirar a responder a tal cuestión.

Es así que una vez más la crisis, en este caso no desde el talante propio del recurso de la justificación, como sí más bien desde uno de los propios que servirá a la postre para ayudar a entenderla en su más amplia expresión, se presenta de nuevo ante nosotros para convertirse en la fórmula integradora sin cuya pauta, muchos, por no decir la mayoría de los nuevos axiomas que comenzamos a percibir como grandes integradores de esta nueva realidad a la que inefablemente nos vemos abocados, parecen en realidad no solo tener sentido, sino que además, en un ejercicio propio de toda labor especulativa de esta magnitud que se precie; comienza a rodearse de una suerte de misticismo que se traduce en esa conocida sensación de, verdaderamente, no poder comprender qué hemos hecho realmente todo este tiempo sin ella.

Es así que la crisis justifica la falta de honestidad. La crisis justifica, cuando no predispone, para el pragmático ejercicio de la incompetencia.
Antaño, cuando de todo tuvimos, hasta el punto que de todo llegó a sobrar;  se dio el caso de que no es que hubiera más corrupción, es que sencillamente ésta se entendía, incluso se justificaba. Antes, cuando de todo sobraba, se dio el caso de que la incompetencia, verdaderamente, parecía menos grave…
Hasta el punto de que todo, se comenzó a perdonar.

Y aquí estamos hoy, enfrentados con una realidad en la que una vez digeridos los que fueron los aperitivos, hoy nos toca comprobar cómo se preparan para degustar los platos fuertes.

Pero claro, tal y como suele pasar, salvo en las bodas, mediado el segundo plato comienzan las miradas inquisitivas en pos de averiguar sobre quién recaerá tamaño dispendio. Dicho de otra manera. ¿Quién va a hacerse cargo de la cuenta?
Porque que nadie se despiste, ni mucho menos, que espere compasión ante el primer síntoma de debilidad.

Llegado el momento de hacerse cargo de la cuenta, es cuando nos toca despertar de este sueño precioso que desde el final de la Segunda Guerra Mundial viene siendo el mundo. Un mundo que se ha movido no atendiendo a Newton, cuando sí más bien a Keynes y otros por la sazón. Responsables todos ellos de trazar una broma macabra que para todos los que no tenemos las claves se resume en un concepto: Socialdemocracia.

Ha sido la Socialdemocracia la gran estafa del pasado siglo. Confeccionada como un gran bluf destinado a satisfacer las ansias de libertad y las coartadas que le son propias en Política a los Desheredados de la Revolución fallida, proporcionaba un paño de lágrimas imposible de rechazar a quienes habiendo constituido la mayoría otrora conservadora que había justificado cuando no abiertamente causado los desastres de su época en tanto que habían obrado activamente por el mantenimiento de las desigualdades; se cubrían ahora con el traslúcido velo de la compasión.

Pero claro, comprobar el mal resultado que dan los matrimonios de conveniencia, o dicho de otra manera, hacer gala de la certeza que da saber que no es bueno poner a la zorra a cuidar de las gallinas; mal que bien, y andado un amplio tramo del camino, podemos llegar a afirmar que el tiempo de las estafas ha finalizado. Sencillamente, porque la vaca no da más leche.

Pero en cualquier caso, de ingenuos sería suponer que los que mandan iban, sin más, a dejar de hacerlo. O dicho de otra manera más campechana, de tontos sería pensar que los que van a gusto en la burra vayan a bajarse así, sin más. O cuando menos sin dar la última batalla.

Y en esas estamos  precisamente. En la última batalla, o al menos, en sus antecedentes.

Una vez más, y como extraño presagio de un macabro ritual tantas y tantas veces representado, los dos ejércitos se alinean en el campo del honor. Cada uno muestra sus mejores armas, haciendo con ello honor de sus valías.
Sin embargo, al tratarse ésta de una conflagración global esto es, que viene repitiéndose desde  hace muchas épocas, corremos el peligro de que algunas variables otrora imprescindibles, puedan de facto, pasar desapercibidas.

Se trata en suma, de hacer bueno el tributo que “El Africano” a la Historia cuando en el desarrollo de los encuentros que precedieron a la Segunda Batalla de Zhama, afirmó que “las batallas no se pierden por el impacto de la fuerza recibida, como sí más bien por el efecto de la fuerza percibida.”

Y…¿Existe alguna percepción más dramática que el miedo, sobre todo si se consolida incluso antes de la batalla propiamente dicha?

Es así como todo, de repente, adquiere su sentido. En especial, el estruendo del silencio de unos, frente al gemir lastimero cercano al plañir que unos pocos aciertan a entonar.

El entierro se acerca, sin duda.


Luis Jonás VEGAS VELASCO.

jueves, 18 de diciembre de 2014

DE EL CLAN DEL OSO CAVERNARIO.

Reunidos una vez más, en torno de la tranquilidad que proporcionan la presunta seguridad, aunque ésta no sea sino la constatación efímera de lo que dura nada de lo procedente de la ficción; los miembros del Clan se disponen a iniciar la que parece ser otra nueva a la par que indolente jornada. Como es de rigor, los hombres se encomiendan a sus tótems en pos de poner en práctica la suerte de recreación de una exitosa jornada de caza, conforme a los resultados alcanzados en la ceremonia de la noche anterior. A la vez, y por ello en perfecta armonía, las mujeres se encomiendan a la búsqueda de leña unas, y a la elaboración de la comida las otras, en un ritual ajeno al tiempo, toda vez que solo en la planificación de la rutina encuentra su plena satisfacción.

Mientras, el mog-ur, ajeno en apariencia a los trajines, se dispone a poner en práctica la larga serie de ceremonias y derrames de las que a la sazón es último tenedor, encomendando así no tanto su propio destino, como sí más bien el de todo el Clan, a la disposición venturosa que los dioses tengan a bien habilitar de cara a su presente.
Aunque ya desde el principio, sabe que algo va mal. La brújula de agua con la que jornada tras jornada busca la orientación de sus dioses, lleva días aparentemente loca. Así, el Norte es hoy el Sur, o al menos lo sería si el trozo de metal suspendido en su tenue trozo de madera tuviera a bien detenerse un instante con el fin de promediar algo. Porque sin duda, algo pasa, y algo grave. El Clan ha visto rota su rutina. Ya nada volverá a ser igual.

Retornando a la igualmente presunta seguridad que nos proporciona nuestro presente, o al menos la noción que del mismo tenemos, podemos, aplicando los conceptos desarrollados entre otros por la Paleontoclimatología, entender que el fenómeno del que fue testigo nuestro Clan se identifica con el Cambio de Polaridad Magnética cuya supuesta condición de cataclismo, tan bien explicado aparece por medio de las nociones derivadas del estudio de la Deriva Continental.
A grandes rasgos, el fenómeno, tal vez no propenso al cataclismo, aunque sin duda cercano a lo estructural, se define a titulo de resultados como un proceso por el cual el flujo natural de campo magnético asociado a nuestro planeta, se vio alterado en lo consecuente con su polaridad. Dicho a groso modo, el actual Sur era en un momento dado, el Norte.

De modo parecido, y por supuesto sin negar una sola de las acusaciones que vinculen el presente desarrollo con la prestidigitación, diremos que hoy por hoy, a la vista de los actuales procederes de unos y de otros, es del todo imposible indicar a ciencia cierta, dónde reside el campo semántico de la Derecha, quedando por ende la cuestión delimitada en parecido rango a la hora de delimitar con éxito el que al menos en apariencia habría de ser el espacio natural de la Izquierda.

Una Sociedad no puede hacer de la ambigüedad su sustento moral, y además esperar prevalecer. Y no puede, porque las ideologías, las grandes ignoradas en estos casos, lejos de desaparecer a pesar de los aparentes esfuerzos que con tal menester desarrollan unos y otros; evolucionan por sí mismas, lejos de actitudes vigilantes, eso sí con aptitudes reprobables.
Aptitudes reprobables, por ende, desarrollos cuasi naturales que, amparados en un supuesto Sentido Común, iluminan primero para alentar después, una suerte de conductas enajenantes en muchos casos, histéricas en su mayoría, que lejos de representar nada, mucho menos un futuro, han de hacer cola esperando la consolidación en su derredor de una suerte de contexto cuya depravación, cuando no el mero aburrimiento, permita a tales aptitudes pasar por lo que no son, pudiendo en algunos casos llegar a convertirse en maná destinado a derramarse en lo que otrora no fue sino un suelo estéril, en cuya esterilidad se fundamente su propia existencia.

Pero en definitiva, las aptitudes son eso, aptitudes. Y si en cualquier elemento su mera condición metafísica es lo que nos mantiene a salvo del sin duda terrible escenario al que bien podrían conducirnos, el frágil equilibrio en cuyo mantenimiento trabajamos puede venirse abajo en el momento en el que una mente lo suficientemente perjudicada, cuando no un ente con la suficiente avaricia, está dispuesta a prestar voz y ceder atención a lo que hasta ese preciso instante no formaba parte sino de aquello con lo que hemos de convivir, basada esta convivencia en la constatación de que los miedos a los que da lugar, nunca abandonarán el “mundo de las pesadillas.”

Por eso, cuando María Dolores DE COSPEDAL  pone voz a semejante tipo de desarrollos, no hace sino recordarnos cuán cerca seguimos estando de los tiempos de la conquista. Tiempos en los que los griegos se unían entre sí tan solo amparados en la suerte identitaria que supone no el saber de parte de quién estás, como sí más bien el saber contra quién estás. Así. Y solo así, un pueblo disperso de adoradores del sol y comedores de carne cruda, acabó amasando la mayor de las fortunas, a saber la que procede de la tenencia y atesoramiento desde el debido respeto de la Cultura.

Pero tal consecución tiene su precio. A saber, el que metafóricamente en el caso que nos ocupa, se pagó liberando al Khraken. Una suerte de criatura mitológica sedienta más que de sangre, del poder que oculto se profesa a aquél al que dirigidos van los sacrificios humanos con los que se le doblega; y que en el caso de no ser debidamente satisfechos llevan a reconocer al que se erija en libertador de la bestia, como un verdadero inconsciente.

Pero ni aquí ni ahora tenemos un khraken a mano. Como tal, no sin cuidado, pero carente por supuesto del arraigo metafísico; hemos de conformarnos con el lamentable espectáculo que nuestros campechanos esperpentos nos deleitan.
Así, las majaderías peculiares de ALONSO, compiten ahora con el látigo iracundo de HERNANDO, capitán de las huestes malhabladas, y a lo mejor no menos malintencionadas, en las que redunda esta suerte de caterva en la que parece haber degenerado el Gobierno, a saber tras la marcha del nunca suficientemente tenido en gloria GALLARDÓN.

Pero todos enmudecen, todo se minimiza, cuando el mentor del nuevo desarrollo ideológico, a saber la Sra. De COSPEDAL, tiene a bien deleitarnos con un breve anuncio del que bien podría considerarse corolario de los desarrollos mentales en los que lleva meses enfrascada, presuntamente encaminada a lograr un resurgir identitario tras el que amparar el que solo ella ve como resurgir electoral.

Es por ello, que al populismo que subyace al hecho de ubicar tales anhelos en un periodo en el que ya se respira el ambiente electoral, bien podría cederse en la tentación no tanto de disculpar las consecuencias de los mencionados esperpentos, como sí más bien de no exigir responsabilidades sobre aquéllos que se empecinan, una vez más, en sacar lo peor de nosotros, con el fin de esconder tras ello lo peor que les es propio.

Así, la sociedad española no solo no habría de permitirse el lujo de tragar con la afirmación vertida por la Sra. Secretaria Gra del Partido Popular cuando en el uso de sus competencias vino a decir que si la corrupción no era patrimonio exclusivo de los políticos era porque tal corrupción era poco menos que un dogma implantado genéticamente en España. Lejos de ello, habría de poner en práctica cuantas acciones fueran pertinentes en pos de averiguar la procedencia de los argumentos que conllevan alcanzar tamaña conclusión para, una vez analizados tanto los propios argumentos, como por supuesto las líneas que habilitan el razonamiento, identificar sin género de dudas entre ellos al confín de planteamientos que por sí solos, o concatenados, vienen a iluminar la suerte de desarrollos presentes o pasados a partir de los cuales la Derecha puede llevar a cabo su plena y absoluta identificación; consiguiendo de manera absolutamente complementaria identificar los componentes que en este caso por oposición, confluyen en la  ocupación de los espacios vinculados a la Izquierda.

Y todo ello, para que luego unos y otros en armonía para con sus principios, decidan el lugar donde reside su ubicación.

Cualquier otra conducta, incluyendo la de amparar conductas o dichos soeces, tan solo identificando una suerte de presunto cretinismo en aquél desde el que afloró la idea, no llevará sino a la enésima condenación de este país, ilustrada una vez más en pos de comprobar la desvergüenza de unos, incrementada en términos proporcionales en virtud de la atrofia sufrida por otros.


Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

DESDE EL CEREBRO HASTA LOS HUESOS, PASANDO POR EL CORAZÓN. A LA MEDIOCRIDAD NOS ENCOMENDAMOS.

Hemos de plantearlo así, como si de un juego se tratara, con la doble intención de que por un lado cumpla su cometido, que no es otro que el de poner de manifiesto el que a nuestro entender constituye el núcleo del problema que actualmente bien podría ser el más importante al que nuestra sociedad se ha enfrentado en los digamos ¿cuarenta años? Dándose además la paradoja de que hemos de llevar a cabo el mencionado planteamiento desde una perspectiva sutil, es decir, procurando que no duela.

Pero de verdad, al igual que ocurre con el paciente que enfermo hasta el tuétano de cáncer, ha de enfrentarse a la paradoja de tener que pedir al especialista que mienta a sus familiares para que no sufran; la verdad es que en ese caso, al igual que ocurre con el que hoy nos atañe, yo aplaudo la actitud valiente del paciente que asume como paso imprescindible para luchar contra su enfermedad, el poder conocerla en toda su dimensión.

Porque si queremos ser merecedores de cuando menos recuperar nuestra dignidad, habremos de ser conscientes de lo que hoy por hoy, sin ambigüedades, sin interpretaciones, y por supuesto sin tamices, viene a conformar la realidad de lo que constituye España. Así, podremos comprobar cómo nuestro país tiene ya objetivamente comprometido el total de su PIB. Podremos tratar de buscar respuesta a preguntas tales como las que hacen referencia a por qué nuestro Gobierno se jacta en declarar que nuestros tipos de deuda están en parámetros solo conocidos en tiempos de Isabel II (en lugar de preocuparse de que somos el país de Europa que menos control tiene sobre su deuda en tanto que ésta se encuentra en manos de inversores extranjeros); Y tal vez entonces, no como conclusión, sino más bien como corolario, podamos llegar a conclusiones tales como las que algunos especialistas firman en base a las cuales España se encuentra inexorablemente inmersa en un bucle de autodestrucción cuyo éxito redunda en la implícita necesidad de que aquéllos que lo sufren permanezcan ajenos, presos pues de una suerte de inmolación que hace de su sacrificio, una especie de concesión a deidades superiores, cuya comprensión como es obvio está al alcance de tan solo, unos pocos privilegiados.

Comprobamos así, ciertamente sin mucho esfuerzo, hasta qué punto los parámetros se reproducen. Porque para cualquiera que haya llevado a cabo una interesada lectura de todo lo expuesto hasta el momento, seguro que no resulta complicado dar criterio de veracidad a esa imagen que poco a poco se ha ido abriendo paso a medida que la mencionada lectura se producía, y que acababa por alumbrar la certeza de que si bien los problemas descritos tienen uno o varios responsables, los cuales además resultan fácilmente identificables; no es por otro lado menos cierto que constituiría toda una dejación de funciones, amén de una verdadera irresponsabilidad, el dejar en tales manos la concesión plenipotenciaria de la aptitud capaz de provocar el absoluto desmán bajo cuyos términos hoy por hoy conformamos toda nuestra capacidad de concreción del fenómeno que llamamos realidad.

Visto lo visto, y no por caer en la tentación facilona que nos proporcionaría el mirarlo todo desde la perspectiva de una Tragedia Griega; lo cierto es que sí a la Grecia Clásica, aunque en este caso por causas conceptualmente diferentes acudimos, toda vez que desde la panorámica que la misma ofrece podemos llevar a cabo una aproximación sin duda lo bastante certera a la hora de no tanto resolver los problemas que inherentemente perturban nuestro hoy; siempre como digo convencido de que nada nuevo podemos hoy por hoy poner ante el sol. Incluyendo por supuesto los términos y consideraciones a partir de los cuales acertar tan siquiera a definir nuestro presente.

Proponemos así como no puede ser de otra manera un ejercicio de reflexión, cuya premisa fundamental se revela innovadora en tanto que el sentido de la reflexión no ha de ser exógeno, esto es no ha de ir hacia fuera, sino que más bien al contrario su foco de intensidad ha de estar conducido hacia dentro.
Dicho de otra manera, la única manera de acceder a la fuente de lo que constituye el mayor de nuestros problemas ha de pasar indiscutiblemente por la redefinición de todos los parámetros que hasta el momento han servido para tratar de hallar las claves desde cuya comprensión pormenorizada tratar de inducir una comprensión del que parece ser el gran problema.

Y precisamente ahí está la certeza del error, error que por otra parte no hace sino garantizar el éxito del proceso en si mismo; haciendo por ende extensivo tal éxito a los que en última instancia se muestran como diseñadores últimos del proceso en sí mismo. Un éxito inexorablemente ligado a la necesidad de mantener el foco de atención alejado del que no es sino núcleo del problema en tanto que tal a saber, que no es otro que el ciudadano, individuo en todo caso primero, en torno del cual gira todo.

Justificamos aquí y ahora la concesión líneas arriba hecha las cuestiones de la Grecia Clásica, para recordar muy sucintamente las diferencias básicas que a tenor de su grado de participación en la Res Pública en Grecia se hacía de los Ciudadanos.
Así, se entendía como Político a todo aquél que vivía ejerciendo todos y cada uno de los parabienes que venían ligados a tamaño ejercicio, incluyendo como por otro lado no podía ser de otra manera cualquier suerte de responsabilidades que ligada a tales actos pudiera venir implementada.
Por otro lado, se entendía poro Idiota, a aquél que notoria y voluntariamente caía en dejación de funciones para con la tamaña labor, incidiendo pues, más allá de toda suerte de conclusiones perecederas, en la gestación del otrora casi eterno vicio; de obligar a la gestación de una suerte, ¿tal vez una casta? de individuos destinados a ejercer por aquél los derechos, que no cejando en su capacidad de hacerle cumplir con las obligaciones propias de griego, que le fueran objeto de ser reconocidas.

La cuestión es por ello clara, y surge clara y distinta. ¿Alguien más tiene la sensación de que nos hemos vuelto todos Idiotas?


Luis Jonás VEGAS VELASCO.

jueves, 4 de diciembre de 2014

DE NUEVO, JASÓN Y LOS ARGONAUTAS.

Una vez hemos asistido a la a mi entender definitiva conclusión de un proceso cuyo desarrollo se ha venido ejecutando a lo largo de los últimos ocho años, y cuyo presunto conocimiento por parte de todos los que integramos la comunidad ha quedado soslayado bajo el eficaz paraguas del fenómeno de ocultación hacia el que definitivamente ha degenerado lo que llamamos crisis; considero adecuado declarar cuando menos inaugurado un periodo que se extenderá sin duda durante muchos, muchísimos años, y cuya función principal girará en torno a lograr la correcta implementación de todas y cada una de las grandes cuestiones que el presente proyecto ha tenido a bien regalarnos.

Asistimos así, sin visos de resquemor, quién sabe si en realidad por la mera acción que preconiza la ignorancia; a una suerte de procedimiento a lo largo de la cual, unas veces en cumplimiento de las pautas del mencionado procedimiento; y otras por mera acción del paso del tiempo, las nuevas pautas se muestran ante nosotros en todo su esplendor, mitificándose incluso, así como cae la fruta madura, permitiendo intuir, al menos a aquel que se revela como observador atento; muchas de las pautas tras las que se desarrollará nuestro futuro. Un futuro cercano, terrible, y que a nadie se le olvide, se extenderá constituyéndose como nuestro único presente durante muchas calendas.

Porque efectivamente, nos hemos dado de bruces con un nuevo tiempo. Y lo que es peor, una vez más no hemos sido capaces tan siquiera de intuirlo hasta que sus síntomas eran evidentes que, más que síntomas, eran en realidad la constatación palpable de que de nuevo la Historia nos había arrollado.

Porque en definitiva, de eso se trata, de un giro histórico cuya magnitud lleva implícita la incapacidad de aquéllos que lo sufren, para ser conscientes de la importancia que de cara al desarrollo de su vida, tales vuelcos promoverán.
Acudimos así pues a la Historia no tanto en busca de respuestas, cuando sí más bien en pos de los protocolos que nos permitan elaborar correctamente las preguntas; y en cualquier caso hemos de constatar una vez más la adecuación de los mismos en tanto que las grandes cuestiones que forman hoy, y formaban entonces parte de la realidad, no han cambiado tanto. En realidad, no es necesario un esfuerzo excesivo para constatar cómo los elementos en torno a los que se conducía la realidad hace por ejemplo, doscientos cincuenta años; no solo no han cambiado tanto, sino que hoy podemos identificar en nuestra vivencia diaria, aspectos cuyos antecedentes guardan auténtico correlato hoy en día.

Es por ello que resulta imprescindible acudir una vez más al vínculo de la perspectiva, para erigirla ahora ya sí en protagonista ineludible no tanto de la realidad que conforma nuestro presente, como sí más bien de la concepción que de la misma tenemos.
La velocidad a la que todo sucede, unida al ímpetu con el que todo se desarrolla, de lo que somos conscientes solo a posteriori, es decir una vez los hechos han sucedido, nos llevan a promover una suerte de desidia que se materializa en el paulatino abandono del que el ciudadano hace gala en tanto que con ello refuerza la aparente autonomía de aquél  que por medio de diversas designaciones, hace uso del poder de representación con el que ha sido ungido.
Es así como este proceso degenera en esencia, constatando de forma explícita esta degeneración en la traición que el representante lleva a cabo cuando llega a legislar en contra de los intereses de aquél en cuya representación descansa toda la justificación de su poder, cerrando con ello el círculo de la alienación a la que el ciudadano se condenó, muchas veces, de forma consciente e incluso voluntaria.
Porque…¿Dónde ponemos el origen de semejante drama? Pues única y sencillamente en el instante preciso en el que el ciudadano vio con buenos ojos el procedimiento que sus dignatarios le ofrecieron, en base al cual el acto de votar se convertía en una farsa toda vez que con el mismo el ciudadano no cedía su voluntad, sino las capacidades de las que la mencionada es correlato; pervirtiendo con ello de manera explícita y flagrante todos y cada uno de los condicionantes que avalan ética y moralmente todo este juego; y sin cuya comprensión tanto modal y formal, el presente sistema bajo cuya aparente protección vivimos no solo se desmorona, sino que hace casi recomendable tal demolición; originando con ello la paradoja de convertirnos en casi irresponsables a todos aquéllos que a estas alturas no hayan, o no hayamos, tomado parte activa en ese proceso de demolición.

Escenificamos con ello un proceso para el que de nuevo, no estamos preparados. Un proceso de tal calado que necesita, de manera eficiente, que tal incomprensión se convierta en algo primero evidente, que luego se elevará a casi mítico. Así, antes de que la presente generación pase, las causas de lo que nos ha traído hasta aquí habrán sido unas veces soslayadas, y en el mejor de los casos olvidadas, ayudando con ello a crear un poso que rápidamente evolucionará hacia lo mitológico, encerrando de forma eficaz a todos los que traten de averiguar algo en una niebla tenebrosa que acabará, como hiciera con Ulises, arrojando condenando a su navío a encallar en costas desconocidas, habiendo de luchar incluso en pos de defender su vida, con demonios y dioses de toda suerte desconocidos.

De esta manera, habremos incuestionablemente de acudir a la Historia para desempolvar muchos de los procedimientos que como decimos en su momento explicaron la realidad, a la vez que sirvieron para identificar a sus protagonistas.

Nadie dijo que hubiera de ser fácil. En cualquier caso, ellos contaban con la motivación de saber que pisaban territorio virgen. Nosotros no disponemos ni siquiera de tal amparo ya que nos reconocemos en muchos de los fósiles que por el camino nos encontramos.


Luis Jonás VEGAS VELASCO.