miércoles, 25 de abril de 2012

DE LOS CAMBIOS ESTRUCTURALES, DE SU NECESIDAD O DE SU DISCUSIÓN.


"Me pide que defina a la Nobleza. Para colmo me exigirá que lo haga  con una sola frase, seguro que también quiere que ésta sea grandilocuente. Pues lo haré, un Noble es alguien que se atribuye los méritos que dignifican a la tierra, mientras exige que sea el Pueblo el que sangra por ella.”

La frase, atribuida a Lenin, y pronunciada  nada más llegar en tren a San Petersburgo procedente de su exilio voluntario en Suiza, bien pudiera encerrar cada una de las virtudes, o quién sabe si de los defectos, que acarrea la actual situación en la que vivimos. Una situación que se engloba ya para la Historia bajo el epígrafe de La madre de todas las Crisis Económicas, pero para la que a estas alturas ya sólo los cortos de miras, o quién sabe si de entendederas, consideran exclusivamente como económica.
Ratificando una vez más la premisa según la cual los actuales planteamientos se rigen en la correcta coordinación de los cuatros elementos estructurales, a saber Economía, Sociedad, Política y Religión, la cuestión parece encontrarse implícita en averiguar cuál ha de ser el orden que han de guardar para confeccionar no sabemos si el marco en el cual se desarrolle la propia crisis, lo que supondría suponer que la misma es el resultado de un plan preconcebido, que persigue en consecuencia un objetivo; o por el contrario ha de participar en la reordenación de los planteamientos que conduzcan definitivamente a la resolución del conflicto. De lo que no cabe la menor duda, dado el actual nivel de imbricación en el que todo se halla, es de que cualquiera que sea el resultado, dará lugar a una realidad completamente desconocida si la comparamos con los actuales parámetros que definen igualmente nuestro aquí y nuestro ahora.

La prueba de la certidumbre de todo lo expuesto hasta el momento, acude a nosotros sin buscarla, y lógicamente sin promoverlo, si dedicamos unos segundos a analizar el resultado de las Elecciones Galas. Sin detenernos ni tan siquiera un segundo  en su resultado, o más concretamente a la espera de la traducción de los mismos dentro de aproximadamente tres semanas, a estas alturas tan sólo dos cosas son certeza numérica. Por un lado, la explícita realidad según la cual el resultado de las mencionadas elecciones nos afecta a todos. Por otro lado, la convicción, a la vista de los resultados de la Primera Vuelta, según los cuales La Derecha ha fracasado, no hace sino poner de manifiesto que en realidad, lo que ha fracasado es una forma de entender la Política, en este caso aplicada al ejercicio de la Economía.


Decir que los resultados que se han materializado este pasado domingo en Francia constituyen “...un hecho lógico que responde a un castigo contra Nicolás Sarkozy, un castigo por otro lado predecible en la medida en que constituye la reacción lógica del pueblo contra su dirigente en tiempos de crisis...”, tal y como corrió  a decir la Sra. de Cospedal el lunes por la mañana constituye, en el menor de los casos, un ejercicio de absoluta miopía conceptual, o, en el peor de los casos, abiertamente de escasez de miras. El triunfo de Hollande, o si se me permite sin el menor rubor, la derrota de Sarkozy (y compañía), engloba de manera ineludible, el fracaso de un modelo de hacer Política. Pero no nos equivoquemos, constituye el fracaso de ese modelo de hacer Política que estaba destinado a sacarnos de la Crisis.

El fracaso de Sarkozy es el fracaso de la Derecha. Es el fin de un sistema, de aquél según la cual, un país tiene que asumir que preocuparse porque los acreedores cobren puntualmente los intereses derivados de la adquisición de la Deuda Pública, ha de estar por encima de cualquier otra consideración, incluso de aquellas según las cuales la función de un Estado pasa ineludiblemente  por garantizar a su pueblo el acceso a prestaciones básicas tales como la Sanidad y, por supuesto la Educación, y hacerlo en condiciones dignas. ¿Adivinan por dónde voy? Pues algunos, como el ingente Montoro, o el espectacular De Guindos, desgraciadamente no parecen tenerlo tan claro. Y no contentos con eso, siguen adelante, perseveran en la defensa de unas políticas que se manifiestan metafóricamente hablando similares a los problemas de los ordenadores personales, al instante de ponerse a disposición del público, quedan inexorablemente obsoletos.

Tal vez la respuesta a esta curiosa cuestión debamos de buscarla en el tópico según el cual la Derecha española es...diferente. De que es más Derecha, o sea, Derechona, no nos cabía la menor duda. En cualquier caso agradecemos la inestimable ayuda que Dª María Dolores de Cospedal nos ha ofrecido de manera completamente desinteresada de cara a corroborar tal extremo, cuando el pasado lunes corrió a pronunciar el Discurso de “los por qués”; ya saben, el de “¿Por qué está mal que un extranjero no acceda a la Sanidad? ¿Por qué está mal que un extranjero tenga que pagar por los servicios que le prestamos?”
De verdad, era como rememorar la escena de Tom Cruise y Jack Nicholson en ALGUNOS HOMBRES BUENOS: “...para ganar el caso me basta con llevarle a donde él se muere por ir. A ese sitio en el que queda claro que sus órdenes se cumplen y punto, sin discusión. Él desayuna a quinientos metros de cuatro mil cubanos adiestrados para matarle, y no va a consentir que nadie le diga lo que tiene que hacer, y mucho menos un chiquillo con su “amariconado” uniforme de Harvard. ¡No señor!”

¿Se lo imaginan?

De lo que por otro lado hay la menor duda, es del contundente fracaso de las políticas adoptadas por el Gobierno para sacarnos de la Crisis. Objetivamente estamos nuevamente en recesión. Acumulamos dos trimestres consecutivos en los que el balance del PIB es negativo, y eso es algo que incluso alguien como De Guindos es capaz de comprender. Puede en cualquier caso que a Montoro le cueste algo más, de todos modos pediremos ayuda a los Clanners, para que se lo transcriban, si antes ellos no son también víctimas de los recortes.
La Magnífica Reforma Laboral comienza a dar sus frutos, y no precisamente guindas. Otras 360.000 personas han ingresado en el INEM desde enero. Y más de la mitad de los ERES promovidos desde Empresas, además de no contar con el apoyo de los trabajadores, se han fundamentado en el controvertido artículo de la “previsión de pérdidas en el balance”.
Enhorabuena Sr. Presidente. A este paso es probable que logre el que parece ser su único plan real de acción, el de obligarnos a volver a votar en la próxima primavera. ¿Habrá para entonces un Partido Verde? ¿O, por el contrario, será ese el momento de “las Rosas”?

Más allá de las pregunta, por una vez, y sin que sirva de precedente, lo que se nos amontonan son las respuestas. Respuestas que, por cierto, nos llegan en un lenguaje comprensible incluso para ellos. Lo de YPF, ve con satisfacción cómo los perros se lanzan ya dentelladas entre ellos, me estoy refiriendo a las declaraciones del Presidente de CAMPSA en relación a la en principio nefasta gestión del Sr. Buneau, al frente de REPSOL. Pero por encima de todo, a la Bolsa. La Bolsa, ya sabéis, esa única forma material con la que se nos regala la, por otro lado permanente metafísica que es “El Mercado de Valores”. Para que nos hagamos una idea, ha dilapidado la friolera de 170.000 millones de Euros en un año.

Se aproxima el momento de las grandes decisiones, del sacrificio, y de la altura de miras. Sin embargo, no hace falta ser muy avispado para comprender que, una vez más, habrá de ser el Pueblo el que vuelva, de nuevo, a sangrar.

Por el contrario, vivimos un presente nefasto, en el que la frase de Joyce adquiere todo su vigor: “La Realidad ha sido reducida al nivel de la Comedia Cínica, interpretada en éste caso por Idiotas que son incapaces de saber qué es más dañino, si el ruido, o la furia con la que se adornan.”

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 18 de abril de 2012

DESMEMBRANDO EL ESTADO.


Parecía una tarea compleja, dura, arriesgada. De lo que no había duda alguna, era de que imperiosamente ésta había de ser encargada a un equipo con aspiraciones; y, a ser posible, que estuviera liderado por alguien avezado, competente, en una palabra “que supiera lo que hay que hacer, y tuviera los medios necesarios para hacerlo.”

Había que cepillarse al Estado, al menos al Estado tal y como lo conocíamos. Y para ello pusimos al frente al PARTIDO POPULAR.

Y cierto es que, raudos y veloces, cual Brunellos o Babiecas, marcharon prestos a la ejecución de la misión que se les había encomendado. A modo de Sistemas Electorales Europeos, convirtieron ya las Elecciones Autonómicas y Municipales del 22 de mayo de 2011 en una especie de Primera Vuelta. Sí, aunque parezca mentira ya llevan gobernando casi un año, mas en la mayoría de los casos todavía no han dejado de plañir; para disimular el que el tiempo ha mostrado como el primero de una larga serie de hurtos. En aquel momento pusieron en marcha el que sería primero de una larga serie de hurtos, que se manifestó en campaña como el proceso por el que convencieron a la gente de que las elecciones autonómicas carecían de importancia, si ésta no procedía de ser, con sus resultados el anticipo de la que luego vendría como furiosa victoria del PP en las “Nacionales”.

Y entonces se pusieron a gobernar. Algunas, cierto es, primero se tocaron, o sea, se pusieron la toquilla y la mantilla, y se fueron de procesión, por las calles de Toledo, para que a nadie le quepa la menor duda. Superada ésta, puede que acción de gracia(s), algunos se pusieron a gobernar. Entonces vino la gran debacle, el Gran Jefe no quería, no necesitaba eso. Se os requería, una vez más, un último esfuerzo. El Partido Popular no necesitaba, al menos de momento, hombres con vocación de Estado al frente de los Gobiernos Autonómicos. Lo que se necesitaban eran sacrificados hombres de Partido, que vieran con perspectiva cuál era el verdadero objetivo. La Moncloa.

Las consignas fueron dadas. La Táctica de la Política del Solar tenía ya que ser llevada a sus máximos extremos. Y desde luego que se hizo. Los Técnicos del PP desarrollaron rápidamente una serie de acciones cuyo más evidente resultado fue la duplicación, en apenas seis meses, y con especial constancia en el último trimestre del pasado año 2011, del total de deuda real de las Comunidades Autónomas.

Recientes investigaciones parecen haber demostrado que el TITÁNIC se hundió, no por la acción de una gran brecha, sino por el efecto conjunto de una serie de pequeñas fisuras.

Y así tuvieron su “Segunda Vuelta”. Llegó noviembre. Entonces, según ellos, recibieron de los españoles la encomienda de arreglar el desbarajuste. “Que a nadie le quepa la menor duda, será lento, será duro, y será doloroso”, anticipaba ya desde la Calle Génova un incontenible Mariano, que, por fin, se veía Presidente del Gobierno. Su cara, como en el caso de la campaña electoral, ponía de manifiesto la realidad, lo callado era, sin duda alguna, mucho más sustancial que lo conocido.

Como ya hemos dicho aquí, para que en España gobierne La Derecha, tienen que darse circunstancias que redunden en la obtención por su parte de una inapelable mayoría absoluta. Ahora bien podríamos añadir otro par de proposiciones al desarrollo lógico: La Derecha ganará cuando deje de comportarse como Derecha. La Derecha ganará cuando España deje de Ser España.

Y como en todo buen desarrollo filosófico, puede darse una tercera proposición, que surge como corolario de las anteriores, La Derecha hace que España deje de ser España.

Y, de nuevo, poseídos por la extraña energía que a lo largo de la Historia ha alimentado a todos aquéllos inmersos en labores mesiánicas, esto es, los que creen firmemente que la naturaleza de su labor es del todo incomprensible para el resto del mundo.

Como paso previo, han desmontado la otrosí intrínseca relación existente entre el Pueblo, y el Estado. Dicho de otra manera, han subvertido la relación innata que regía entre Administración y Administrado, para, poco a poco, arrebatar el atisbo de capacidad política que podía quedarle al Pueblo, para quitarle la otra, la de protestar mediante la huelga o la manifestación basta con modificar ad hoc las leyes; convenciendo de nuevo al Pueblo de que el Gobierno es, en realidad, un ente amorfo y distante, que se rige por demandas caprichosas y devora a dentelladas, impositivas en este caso, a sus administrados.

Y es entonces cuando ellos mismos se hacen conscientes del nivel de neurosis que se encuentra implícito en sus propias demandas, en aquéllas que ha sido imperioso satisfacer en pos de la consecución del bien absoluto. Algo que pasa no verdaderamente por llevar al Partido Popular a gobernar España, sino a elevar a alguien, a Mariano, a la Moncloa.

Ver a Mariano deslizarse por la rampa del garaje del Senado Español para esquivar a los periodistas. A Ana Mato, la misma que no sabía cuántos coches tenía en, en este caso su garaje; pedir hoy mismo disculpas a los jubilados “…porque con su aportación en el pago de las medicinas será fundamental para garantizar la sostenibilidad del Sistema de Salud español”, o incluso observar cómo hay que marcharse a México para, con la seguridad que proporciona el hallarse a miles de Kilómetros, deslizar las nuevas medidas de “re-re-reajuste”.

Y, mientras, a pasos firmes y seguros, asistimos a la paradoja de ver cómo es, precisamente la derecha, la que se carga España. Y lo hacen poco a poco, sin duda alguna, y sin dilaciones innecesarias. Atacan los pilares básicos, aquéllos sobre los que se sustentan los principios que definen precisamente la relación más práctica que puede darse entre el Estado, y sus gentes, esto es, la prestación de aquéllos servicios que por su especial complejidad, no puedan, ni afortunadamente deban, estar en manos privadas. Hablo, claro está de la Sanidad, y de la Educación.

El modelo sanitario español era, según datos del Observatorio para el estudio de la evolución de Europa, organismo dependiente de la UE, “…el que más altos valores de optimización presenta dentro del territorio de la UE (…) sin duda uno de los que mejores marcadores alcanza en la relación existente entre los servicios prestados, y el coste real manifiesto para cada ciudadano”.

Sin entrar en polémicas sobre el copago, La Salud en España estaba garantizada, siguiendo para ello unos criterios de universalidad totalmente compatibles con los modelos de Justicia Distributiva.

Y qué decir de la Educación. El modelo de formación impulsado en España, y basado no sólo en la mera distribución de conceptos, sino en la distribución homogénea de el catálogo de valores imprescindibles en la actualidad para promover el ascenso de ciudadanos íntegros, dotados de todos los atributos imprescindibles para poder hablar no ya de entes educados, sino de personas formadas; se ha demostrado no ya como intrínsecamente bueno, sino como verdaderamente exportable.

Y es así, como podemos ir enfrentándonos con la conclusión. El Partido Popular no desea gobernar España. Y no lo desea por varios motivos. Si bien no es el primero de ellos, bien podríamos decir que la naturaleza intrínseca de La Derecha española, no se encuentra a gusto con esta España. Una España en la que los principios distributivos no solo han calado sino que, una vez más, se han mostrado como especialmente coherentes con el modelo de vida que preconiza el español.

Más bien, el Partido Popular, desea cobrarse una serie de antiguas deudas, que llevan años carcomiendo su estructura. Para ello no se detendrá ante nada, ni ante nadie, y está dispuesto a hundirnos una vez más, en la máquina del tiempo.

He aquí, y ahora, ya sin tapujos, la verdadera doctrina del Partido Popular.

¡Enhorabuena a todos los que la han hecho posible!

Luis Jonás VEGAS VELASCO.


miércoles, 11 de abril de 2012

DE CUANDO CONVIENE SABER QUE SE ACABÓ LA FIESTA. PARA SABER AL MENOS “POR DÓNDE VAN LOS TIROS.”


Dicen las crónicas formales de la Historia, que los periodos verdaderamente preocupantes comienzan justamente a renglón seguido de que el político de turno afirme conocer aquello que debe hacerse. Y si esas palabras van acompañadas del quitamultas “aunque lo que hay que hacer va a ser doloroso”; pues entonces, llegados a ese momento, ya ni temblar resulta prudente. Juzguen ustedes mismos.

Señores, llevamos ya demasiado tiempo discutiendo no ya si estamos o no en crisis. Primero dejamos que perdieran nuestro precioso tiempo, un tiempo que no teníamos, en verificar el grado de la crisis. Luego se dedicaron a buscar culpables, luego esos culpables no les sirvieron, supuestamente porque no fueron capaces de integrar de manera coherente algo que, como toda buena crisis, no se lleva bien con la coherencia, en unos modelos estadísticos que, como todo lo que tiene que ver con la estadística, no entiende de episodios aislados, ni, mucho menos, con cosas como la aquí planteada que, una vez aceptado por todos, parece tratarse de la madre de todas las crisis. Y, ahora, una vez que definitivamente parece que todo parece cuadrar, lo único que tenemos claro es la absoluta certeza de que, ya nada volverá a ser igual.

Salvando las distancias, y lejos de que nadie piense que la desesperación me ha echado en brazos de la astrología en pos de las ansiadas respuestas, pasando claro está primero por la necesaria reformulación de las correctas preguntas; cierto es que llevamos todo lo que va de año refunfuñado en torno a los dimes y diretes que proporciona la extraña manera que tiene de concluir, en el más literal y absoluto sentido de la palabra, ese Calendario Pre-Colombino, según el cual una nueva era comenzará con posterioridad al año en curso.

Y vaya si es cierto que una nueva era va a comenzar. Incluso, sin ser muy avispado, yo me atrevería a decir que una nueva era ya ha comenzado. Una nueva era en la que la Izquierda ha sido borrada del ejercicio de Gobierno. En la que acciones y procedimientos hasta hace poco impensables, se convierten ahora en justificados. Una nueva era en la que asuntos y cuestiones hasta hace poco básicos cuando no fundamentales, se ven ahora sometidos si no abiertamente puestos en tela de juicio. En definitiva una nueva era en la que Pilares Fundamentales del ya casi denostado “Estado del Bienestar”, tales como LA SANIDAD, LA EDUCACIÓN Y LAS POLÍTICAS SOCIALES, no sólo se ponen en discusión, sino que definitivamente esas discusiones se llevan al terreno de lo lógico, cuando no abiertamente de lo evidente.

Permítanme por favor que insista: “UN DERECHO NO ES ALGO QUE DEBAN DARTE, SINO AQUELLO QUE NADIE DEBE OSAR QUITARTE.”

Una vez llagados a este extremo, bien podemos vernos sumergidos en las fervorosas, cuando no abiertamente ingrávidas aguas de la sinrazón, cuando no en los vientos de la ya casi ni recordada libertad que los mismos pueden regalarnos, y continuar de manera abiertamente beligerante, que no hostil, en la búsqueda no ya de respuestas, lo cual bien podría ser constitutivo del delito de soberbia, sino del a la sazón más complicado ejercicio de enfrentarnos con nuestras propias preguntas, y rozar así el pecaminoso estado de la ingenuidad.

Así y sólo así podríamos incurrir en el imprescindible estado de calma necesario para comprobar cómo la crisis, esa que aparentemente no tiene responsables, al no tener vencedores, aunque si vencidos, se ha llevado por delante a toda la Izquierda europea. Ha dejado yermos los campos de la inteligencia. Ha barrido los terrenos de la ilusión y, lo que es más grave aún, nos ha dejado a todos clavado en el alma la inquebrantable sensación del miedo propio del que sabe que, probablemente, lo peor no ha llegado todavía.

Así, de un plumazo, se ha cargado en apenas tres años, logros sociales cuya consecución necesitó de treinta años. Ha abocado al terreno de la utopía, término éste que por otro lado se ha encargado de denostar, principios y sueños que otrosí no hace mucho, constituían el horizonte hacia el que se dirigía nuestra Sociedad. Una Sociedad no lo olvidemos modélica, y sobre la que aparentemente descansaban los fundamentos de la mejor generación de la que se tenía constancia.

Pero hoy, todo eso ha sido rehuido, cuando no forma parte del terreno casi mitológico en el que sólo los poetas, o los locos, se sienten a gusto. Como en los casos en los que el desierto se vuelve loco, y la aparente ausencia de movimiento que le es propia, da paso a bravías tormentas de viento y arena; así la crisis ha removido todo. Como en ese caso, la arena ha destruido los pozos de agua que, como diría A.S Exphury, dotaban de belleza al desierto. Con ello, los oasis, refugio de nuestra esperanza, han sido definitivamente destruidos. Hemos despertado de nuestro sueño, nuestra travesía del desierto ha sido baldía, en tanto que las ideas que la sustentaban se han revelado como sutiles espejismos, inducidos por los mismos que hoy se han erigido en guardianes justicieros.

Y, a modo de resultado, el triunfo, una vez más, de los de siempre. La Clase Dirigente, encarnada en esta ocasión más que nunca en una Derecha Cavernaria que sustituye los argumentos bélicos del pasado, por otros más limpios, aunque igual de amenazadores que los de entonces. Ya no habla de guerras, sin embargo el ambiente casi prebélico es una realidad. Ya no se disparan tiros, si bien sigue dejando cadáveres en las cunetas. Aparentemente ya no hay columnas de prisioneros, aunque cientos o miles son los que se hallan encadenados a un Préstamo Hipotecario.

Una Derecha que, una vez juzgados, como no podía ser de otra manera, los pros y los contras, ha tomado las medidas oportunas encaminadas no sólo a colocar los hilos de la parca en disposición de combate, sino que lo ha hecho de manera que ha logrado convencer a las víctimas de que en realidad, son los culpables. Y si no, que alguien me convenza de cómo es posible que la clase trabajadora, dominante como siempre si nos atenemos al criterio cuantitativo, asuma sin rechistar la cadena de medidas que, una por una o en conjunto, no van sino a arrojarnos de nuevo al desolladero.

El Estado, aparente garante de las libertades, ha abdicado de todas sus capacidades, a la par que, poco a poco, está siendo despojado de sus atribuciones. La larga caterva de misioneros y corsarios que secundan las anteriores escuadras de los derrotados capitalistas, seguidores del liberalismo a ultranza, esos que preconizan el comercio sin restricciones; se han cepillado las capacidades del Estado. Una nube de sutil amenaza, cuando no de abierto mal olor a Comunismo, planea sobre cualquier atisbo de mención a “participación de lo común”, o a “defensa de lo Público”. Y eso que de “intervencionismo”, ni tan siquiera hemos llegado a hablar. En cualquier caso, lo han conseguido, nos han arrebatado incluso la capacidad para concebir que algo distinto a lo que ellos dicen, sea no ya mejor, sino tan siquiera posible.

Por todo ello, y porque demasiado es ya el espacio ocupado en la exposición, así como el tiempo necesario para acceder a la misma, podemos ir concluyendo, cómo no, con preguntas.

¿Alguien duda seriamente todavía de que la Crisis ha sido convenientemente provocada? No se trata sino de la materialización del perverso deleite de aquéllos que, asentados cómodamente en sus sillones, observaban con gran preocupación que la distancia que separa a ricos de pobres, a la sazón la gestora del gradiente que garantiza el flujo de capitales: se reducía de manera preocupante para ellos.

¿Alguien duda de quién es el beneficiario conceptual de ésta crisis? Pues evidentemente la Derecha Cavernaria, recalcitrante y reaccionaria de principio a fin, y que ha visto resarcida su última esperanza de retornar al poder, convirtiéndose en el brazo ejecutor de un poder que, una vez más, hace gala del verdadero poder, manteniéndose en la sombra, en tanto que otros bailan al son que ellos tocan, sin saber siquiera que hay música.

La verdad es que esto es propio de aquél que sale de caza, no coge nada, y, encima, vuelve con un tiro en el pie.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 4 de abril de 2012

DE LO DURO QUE RESULTA VOLVER A LA REALIDAD, DE CUANDO EN REALIDAD SÓLO UN MITO ERES.


Terrible es la realidad, cuando se revela como el único de los vestigios que queda tras el efímero paso del presente, que se convierte en tierno recuerdo de un pasado siempre por nuestra mente mejorado.

Y más terrible es en Política esa realidad, una vez que el paso de las citas electorales pasa a engrosar las cifras de ese llamado pasado, dejándote en definitiva, enfrentado a los que nunca dejaron de ser tus fantasmas.

Así, una vez más, dejar correr el tiempo, y hacerlo de la mano del sentido común, se convierte en la mejor manera de acceder a la realidad política de éste, nuestro maltrecho país.

No se trata de buscar culpables, eso ya ni tan siquiera nos satisface, y lo que es peor, no es útil ni tan siquiera para el fuero de los que una vez se contaban en las filas de nuestros rivales. Se trata, hoy por hoy, de intentar comprender que así no, que si seguimos no ya haciendo, sino tan siquiera planteando las cosas como hasta ahora lo estamos haciendo, el miedo no será tanto que tengamos que hipotecar diez años más de nuestro futuro, para intentar organizar no ya otro presente, sino que habremos perdido incluso otro pasado; el miedo estribará en que si nos empecinamos en salvar el Sistema, lo único que podremos garantizar será que las piezas no saldrán para nada indemnes. Entonces, ¿Tiene sentido salvar esto, aunque sea a cualquier precio?

La pregunta tiene en su propia forma su esencia. No a cualquier precio, y desde luego así no.

Cuando llegados al momento actual, el nivel de perversión es tal que lo único que parece ya incuestionable es que el marco conceptual que se esconde tras el ingente paraguas de la Crisis no es sino un procedimiento perfectamente establecido, que ha tenido al mando a los Estados mientras éstos han podido, reservando para la segunda fase de la operación, aquélla que requiere de más aporte especializado, a los bancos, empezamos a comprender por qué no sólo no entendemos el problema, sino tan siquiera las soluciones que aparentemente a éste se le dan.

Una más que interesante conversación, mantenida en la mañana de hoy, servía aunque fuera de forma prácticamente accidental, a extraer de nuevo el corolario que parece mantener encerrado en un bucle la mente de la mayoría de la población. Y de nuevo una pregunta encerraba al esencia no ya sólo del desencanto que obra entre Administración y Administrados, sino que de nuevo revelaba lo mucho que nos cuesta entender las cosas. La pregunta seguro que la entienden de carrerilla ¿Por qué el Gobierno pretende arreglar esto, dando el dinero a los bancos?

La solución al enigma, aunque parezca un poco desalentadora, la ha proporcionado en el día de hoy, el mismísimo Sr. Presidente del Gobierno: “todos nuestros esfuerzos estarán encaminados a reducir el Déficit Público. Cualquier otra medida no se contempla. Cualquier otro que no esté de acuerdo con ésta Política, no sólo tiene un problema, sino que se convierte en un problema a la hora de planteas las soluciones que sacarán a España de la crisis.”

Estas reveladoras palabras, encierran de manera axiológica el cúmulo de principios no ya que nos han llevado a la crisis sino, lo que es peor, el principio fundamental que garantiza cómo, en el caso de perseverar en éste como procedimiento destinado a sacarnos de la misma; no conseguiremos sino hundirnos si cabe, cada día un poco más profundamente, en una espiral trágica que se cerrará no sin antes haber devorado de manera intencionada y profesional cualquier vestigio de lo que una vez consideramos nuestro justamente llamado Estado del Bienestar.

El Estado del Bienestar es un concepto justamente acuñado, y que por definición se integra dentro de los modelos de concepción de las relaciones entre público y privado, más cercanas a los considerandos sociales propios de la Izquierda. En base a esto, la relación existente entre Deuda Pública y Deuda Privada, se mantenía en unos cánones aparentemente comprensibles en tanto que transparentes, basados en el hecho de que si bien ambas deudas podían practicar la teoría de los vasos comunicantes, ambas lo hacían respetando la salvedad de que sus respectivos circulantes nunca se mezclaban.

Sin embargo, esta teoría aparentemente asentada sobre los pilares de la lógica que aporta la Justicia del Capital, aquélla según la cual los beneficios que proceden del Capital son lícitos en tanto que el riesgo lo corre el propio Capital; comienza a derrumbarse en el momento en el que las garantías de cobro que ofrece la mencionada Deuda Privada, dejan de ser no ya sólo certeras, sino que más bien ponen de manifiesto serias dudas.

Y es precisamente en ese momento, cuando los gurús del tinglado, dan con la mejor de las soluciones, la que no podía ser soñada ni por el más avezado de los líderes capitalistas. Y lo que es peor, una solución que no podía ser llevada a cabo sin la participación de aquéllos cuyo poder derivaba precisamente del Pueblo. Había que averiguar la forma de convertir en Deuda Pública lo que no había sido sino Deuda Privada.

En ese momento, el torrente de dinero procedente de las arcas del Estado, comienza a llenar las arcas de los grandes, utilizando a la Banca como agente catalizador. La masiva compra de Deuda a cargo de los Estados, hace buena la consideración según la cual “El Estado se ha vendido a la Banca, y los ciudadanos hemos regalado la Democracia.” Los Estados se convierten en avalistas de la deuda generada por aquéllos que hicieron propios los principios de avaricia que preconiza la sociedad actual, y convierten a los propios Estados así como a su futuro en los garantes de unos compromisos que ellos han asumido no ya como representantes de los ciudadanos, sino como representantes de esa nueva corriente que está imbuida de razón hasta el punto de pensar que ellos y sólo ellos se hayan en condiciones de proporcionarnos la salvación.

Así, verdades como las expuestas hoy mismo por D. Mariano RAJOY, alcanzan niveles de certeza propios casi de la iluminación. España habrá de destinar sólo al pago de los intereses de la Deuda ya generados, casi treinta mil millones de Euros. A título de comparación, los recortes que han justificado medidas tan duras como las conocidas hasta el día de hoy, redundarán en la obtención de unos resultados que se hayan en torno a los treinta y ocho mil millones. ¿Podéis imaginaros en qué coyuntura nos dejaría eso? Tal vez en una que no necesitara hacer desaparecer la Ley de Dependencia, que no rebajase en un 23% el total de partidas destinadas a la generación activa de empleo, que no cerrara laboratorios de investigación, y que por ejemplo no dejara en manos de las Comunidades Autónomas la decisión de si vuestros hijos van a seguir o no disponiendo de un ordenador en la Escuela.

Aunque claro, llegados a éste punto, uno entiende la totalidad de las palabras de Rajoy: “el que no ayude activamente en la consecución de éstas políticas, pone en un peligro a España.”

Resulta curioso qué, igualmente, esas mismas palabras sirvan para recordar a su antecesor en el cargo. Una de las últimas cosas respetables que D. José Luis RODRÍGUEZ ZAPATERO dijo antes de abandonar La Moncloa, era que había dos formas de conducirse en las políticas destinadas a salvar la crisis, las que abogaban por las soluciones de izquierdas, y las que aprovecharían para reinstaurar una Derecha más recalcitrante si cabe, dispuesta a obtener réditos de donde fuera.

Así, ya todo está perfectamente claro.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 28 de marzo de 2012

DE CUANDO ESTAR TAN ACOSTUMBRADO A MIRAR EN EL FONDO DEL ABISMO, TE LLEVA A OLVIDAR QUE EL ABISMO TAMBIÉN PUEDE MIRAR DENTRO DE TI.


Resulta paradójico que una vez más, deba nutrir mis cavilaciones precisamente en la literatura propia de los que supuestamente son mis rivales, para no encontrar en ella sino abierta consideración que me lleva, cada día más si cabe, a perpetuarme en las que son mis convicciones, que no creencia; pudiéndose encontrar precisamente en tal extremo una de las pocas cosas que nos diferencian y, qué duda cabe, que nos diferenciará siempre.

Por no perdernos en el extrarradio del razonamiento, diré que leyendo una vez más la columna que Federico Jiménez tiene apalabrada en el Diario El Mundo, me encuentro hoy, eso sí de pasada, y siempre para servir, después de ser convenientemente retorcido a sus creencias: con una exposición a la que yo, evidentemente por siempre menos erudito que el Sr. Jiménez, he hecho repetidas alusiones una y otra vez. “Lo que diferencia a las dictaduras de Derechas, de aquéllas que son de Izquierdas, no es sino que las primeras pasan olímpicamente del Pueblo, en tanto que no le son directamente útiles en su fervor por apoderarse del Poder. Por el contrario, la Izquierda siempre comprendió que el la masa se encuentra la justificación plebeya a los designios que le son propios.” Una vez más cabe reseñar qué, todos estos conceptos lo tiene tan claro D. Federico porque se trata de uno de esos que afirma no poder decidir en qué mesa sentarse, en tanto que no ha probado todos los menús que se sirven.

Y todo esto viene a colación, precisamente a escasos instantes de comenzar al jornada designada para la enésima Huelga General, de la discusión creada, en tanto que no hay nada que discutir, de si el derecho a trabajar está o no enfrentado con el derecho a ir a la huelga. Porque sí, haciendo farfulla del propio texto legislativo, eructado por la Derecha más Cavernaria, y llamado Reforma Laboral, nos encontramos con que, dentro del cúmulo de errores que le es propio, efectivamente, tampoco ha legislado sobre las implicaciones del derecho a la huelga. Tal vez porque ha considerado qué, al tratarse de un derecho contenido en una Ley de Rango Mayor, a saber la propia Constitución lo consagra, iba a ser que la borrachera de poder no era excusa convincente para meterse en camisa de once varas (castellanas).

Si bien, como suele pasar en la mayoría de ocasiones, incluso entre los detritos propios de la inmunda acción que le es propia a muchos seres, socialmente reconocidos como sujetos patógenos, puede extraerse alguna acción válida, que no valerosa. Siguiendo esa filosofía, sigo surcando los intrincados mares en los que se convierten las divagaciones de D. Federico, hasta llegar al párrafo en el que afirma que la capacidad de dirección y representación que se atribuyen los sindicatos es ficticia en tanto que no está justificada, ni en el supuesto prestigio de ambos, ni, por supuesto, en el volumen de personas a las que supuestamente representan. Si vamos un poco más allá, y el decoro así lo autoriza en un artículo de opinión como éste, bien podríamos decir que los sindicatos españoles continúan lastrados en los viejos conceptos propios de la época vertical, aquéllos tiempos, tan añorados por algunos, en los que no sólo los objetivos por los que había que luchar venían dictados, sino que incluso estaban conformados los manuales de lucha.

Vamos, que siguiendo en la paradoja de ratificar mis conclusiones en las premisas del rival, la respuesta a la pregunta sobre los males de este país puede ser que el primero lo constituya un ecologista, el segundo dos ecologistas; y el tercero…un sindicalista.

Mas una vez superada la sinrazón, o más bien la sin Público, una vez que éste ha cerrado, la sensación de congoja deja paso a la certeza de que nada ni nadie cambiará un ápice en función de lo que pase mañana.

La certeza a este hecho la ha aportado el Sr. Ministro de Economía. “El Gobierno no variará un ápice el texto legal sea cual sea el resultado que se le atribuya a la movilización de mañana.” Sin ánimo de ofender, se puede decir más alto, pero no más claro.

En definitiva, una vez que vuelve a quedar puesto de manifiesto la necesidad de buscar otros métodos así como procedimientos novedosos que vertebren el sempiterno procedimiento de la protesta; parece evidente que otra cosa queda si cabe instaurada de manera definitiva, la convicción, cada vez más arraigada en nuestros políticos, de que salvo para votarles, no ya la opinión, sino la capacidad para reconocer no ya lo que es bueno, sino lo que es manifiestamente malo, nos ha sido extirpada a los ciudadanos. Por eso, parafraseando a Santa Teresa de Jesús, que hoy hubiera cumplido 497 años. “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta.”

La cita parece que ni al pelo aconsejable a este Gobierno, si cabe más precisamente en este momento. Anticipándose a La Semana Santa, El jueves lo será de dolor, el viernes, la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado lo convertirán en un verdadero acto de Pasión (se rumorea que la Rueda de Prensa va a tener más audiencia que el Sorteo Extraordinario de Navidad).

Y así, el lunes de aguas será sustituido por la marea andaluza, esa que ha echado a perder las ansias de algunos, que ha frenado al nuevo totalitarismo que aparentemente estaba asegurado y que va a convertir en algo anecdótico los doce años que el Candidato del PP andaluz empleó en licenciarse en Derecho, en comparación con los que va a necesitar para encaramarse a la Presidencia de la Junta de Andalucía.

No ha podido ser. Los más de tres meses ya de fruslerías, desplantes y abiertas mentiras, han sido demasiado. En esta ocasión, las campañas electorales veladas, fundamentadas en el silencio, o en como ha patentado su líder, D. Mariano RAJOY, basadas en colocar un autobús delante de la portería, para que no te metan un gol no han funcionado. Ni ARENAS es RAJOY, ni Andalucía es España. Por ello, ni a la tercera, ni a la cuarta fue la vencida. Como ocurre en sus queridas tierras americanas, habrá que aferrarse a la quinta.

Aunque bueno, la verdad es que siempre nos queda el tan español derecho al pataleo, y que en el caso de los resultado electorales se materializa en el conocido como “la lista que gana es la que más derecho tiene a gobernar.” Y cómo no, ARENAS ha acudido raudo a su cita con el acto. La respuesta es evidente, la suma de votos que en Andalucía han votado “progresistas”, supera al que ha votado “conservadores”. El resto de consideraciones vaya a buscarlas a la reunión de su Ejecutiva Nacional. Humildemente creo que el tomo que la Sra de COSPEDAL empleó el pasado día 25 a la hora de valorar los resultados en Andalucía, es lo suficientemente claro, más incluso que el contenido mismo de su discurso. Aunque, ciertamente, su discurso también tenia implícito un cierto tono “dimisionario”. ¿Sería tal vez el asomo por un instante de la “vergüenza torera”? Tal y como se ha encargado de aclarar hoy, no, no se trataba de eso. Porque como dicen las malas lenguas: “¿Y adónde va a ir a estas alturas el señorito?”

En definitiva, los acontecimientos se empeñan en ratificar la última de nuestras tesis, la de que vivimos tiempos históricos. Y como ocurre siempre, los contemporáneos somos los únicos que no somos capaces de verlo.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 21 de marzo de 2012

DEFINITIVAMENTE, CORREN MALOS TIEMPOS.


Y la prueba es evidente, desde el momento en el que la mayor fuente de imágenes de nuestros políticos procede, no tanto del Congreso de los Diputados, como sede del Poder Ejecutivo, sino de otros Edificios, a la sazón sede del Poder Judicial.

El Caso Matas, La Operación Campeón, el propio Caso Urdangarín, el cual merece un análisis independiente por todas y cada una de las circunstancias que lleva aparejado; junto a otros aparentemente ya olvidados como la Trama Gürtell, les recuerdo, ese manual de operaciones propiciatoria de desmanes de todos los calibres, y en todos los terrenos; no hacen sino poner de manifiesto no ya la existencia de otra crisis, alejada en la medida de lo conceptual de la por todos conocida, y, afortunadamente exclusivamente afecta de asuntos económicos. Más bien se podría decir que ésta otra, la verdadera crisis, la conceptual, es propiciatoria de la otra, que, a modo de constatación, alcanza la condición de imprescindible.

La Crisis Económica no es, la única crisis. Es más, podríamos decir que ésta, en tanto que meramente material, resultante de los desmanes procedimentales de unos pocos, no hace sino poner francamente de manifiesto la existencia de otra, mucho más profunda, que afecta a planos mucho más transcendentales del Hombre, y que se pone de manifiesto de manera mucho más evidente, no ya sólo porque sean muchos más los agentes activos, sino porque la falta de acción propiciatoria que se observa en la práctica totalidad de la población, en forma de apatía, nos convierte si no a todos, si a muchos en cómplices.

En el día de hoy, en el que se cumplen setecientos años de la publicación de la Encíclica por la cual el Papa Clemente V disuelve la Orden de los Templarios, devolviendo a Felipe de Francia los favores que, precisamente le llevaron a ocupar la silla de Pedro; todos asistimos, como en aquella ocasión de manera silenciosa, a la disolución de otra estructura a todas luces más imprescindible que esa otra. Vemos sumidos en la apatía como los mercados, imagen del Liberalismo a ultranza, disuelven el Estado del Bienestar ante el silencio cómplice de unas estructuras de Gobierno que, olvidando de forma consciente su función, así como las responsabilidades que asumieron con los que les llevaron al Poder, participan de forma activa en esa voladura. ¿Devolviendo favores?

El que fuera Concejal de Urbanismo de la Ciudad de Barcelona, y responsable del Proyecto Olímpico de 1992, dice, en una magnífica entrevista concedida a El Diario El Mundo, que Los Estados han vendido al Liberalismo el Estado del Bienestar. Los Ciudadanos hemos regalado la Democracia. Será ésta la constatación manifiesta de los tantas veces traídos a colación efectos de la responsabilidad. ¿Estamos ante la demostración pragmática de los argumentos esgrimidos por E. FROMM en la magnífica y atemporal obra El Miedo a la Libertad?

La verdad, no sé que da más miedo, si el hecho de que la pregunta tenga lugar, o la ausencia de una respuesta clara e inequívoca en contra.

Como ingrediente añadido, no es menos cierto que la actitud general de nuestros políticos, precisamente no ayuda. Esos consabidos paseos hasta Sede Judicial, convenientemente acompañados por la cohorte de cámaras de todos los medios del Cuarto Poder, reducen la condición de los afectos hasta unos estados verdaderamente muy lamentables y deprimentes, no tanto para ellos, que han perdido abiertamente todo contacto con la Realidad; como para los ciudadanos que exigimos todavía de manera más o menos activa saber de las acciones de los que, a pesar de que parecen haberlo olvidado, ostentan la responsabilidad de nuestra representación.

Porque de nuevo de eso, y de nada más se trata en realidad, de Responsabilidad.

La Responsabilidad que no ha demostrado el Sr. MATAS, a estas horas ya condenado a más de seis años de cárcel por abusos de poder. La Responsabilidad que no han demostrado los imputados por el Caso Campeón, la que no conocen los imputados en la Trama Gürtell, o, si me apuran, la Responsabilidad que ha llevado hace escasas fechas a algunos políticos a tener que utilizar los actos de conmemoración de los doscientos años de la Constitución de Cádiz de 1812. en unos actos de ensalzamiento de la Institución Regia, precisamente tal vez por encontrarse ésta sumida en una Crisis sólo comparable a la que era sobrevenida en tiempos remotos cuando la sucesión peligraba, bien por falta de herederos capaces, bien por exceso de pretendientes ansiosos.

En cualquier caso, creo firmemente sobran argumentos para comprobar sin lugar a dudas, que el mundo tal y como lo conocíamos, toca a su fin. Que el catálogo que contenía el manual de instrucciones que nos permitía averiguar el orden moral de las cosas que se convertían en Principios, se ha perdido. Que ya nada es lo que era, y, lo que es peor, quedan pocas por no decir ninguna posibilidad de que pueda volver a ser.

En resumidas cuentas. ¿Hace falta alguna prueba más de que, efectivamente, estamos en Crisis?

Luis Jonás VEGAS VELASCO.

miércoles, 14 de marzo de 2012

DE CUANDO LAS EXCEPCIONES ESTRUCTURALES PERMITEN PONERSE EL MUNDO POR MONTERA, Y ENCIMA, SI CABE, PEDIR LA OREJA.


Y, en el caso de que el Sr. Presidente no la conceda, será, sin duda alguna porque se trate de uno de esos socialistas, de los que se pone detrás de una pancarta llamando a la revuelta social para tratar de conseguir en la calle lo que no consiguió en las urnas.

Estas palabras, extractadas a vuelapluma, y con la consiguiente licencia de rectificación, son las que ha pronunciado en un medio nacional, concretamente en RNE, en la mañana de hoy, el Sr Candidato a la Presidencia del Parlamento de Asturias por las siglas de FORO ASTURIAS, D. Francisco ÁLVAREZ CASCOS.

Sin entrar a valorar lo excepcional de las declaraciones, y aceptando como aplicable la regla no escrita de que en periodo electoral, la distancia para con la querella se amplia, o lo que es lo mismo, las licencias verbales con tendencia al exabrupto se ven notoriamente incrementadas. Lo que me lleva a llamar la atención sobre la conversación, es concretamente lo tendencioso de la afirmación según la cual los políticos parecen haber reducido directamente el campo de acción de las responsabilidades que los administrados podemos llevar a cabo de cara a solventar nuestras obligaciones políticas, exclusivamente al desarrollo de ese cada vez más inoperante acto en el que se ha convertido la emisión del sufragio.

En cualquier otro país, asumir como correcto el principio que bien puede constituir la base del argumentarlo que dé pie al título, que en principio y puede que hoy más que nunca, constituya un verdadero resumen de lo que vamos a tratar; no haga sino poner de manifiesto una vez más ese hecho según el cual este país nuestro suele andarse a la zaga de las metodologías de gobierno imperantes no ya sólo en Europa, sino en el mundo, cuando no abiertamente constituyen una forma de interpretación libre de las mismas.

Dicho lo cual, podríamos retomar el principio constituyente del discurso para, a partir del mismo, las circunstancia incidentes en la actual Política, o mejor dicho en la actual manera de entender la Política, no hagan sino poner de manifiesto que en este país estamos no ya recuperando, porque como ha ocurrido con otros muchos conceptos de gobierno, aquí no han llegado a darse nunca de manera real; sino tal vez por ello redefiniendo, una nueva manera de comprender principios que en otros lares, tal vez más iluminados, bien pudieran constituir aprobación cercana al Despotismo Ilustrado.

Al grito de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, Francia fue una vez más el lugar en el que se habría de desencadenar una de las revoluciones conceptuales de mayor transcendencia de la historia. Una revolución que no alcanza semejante catalogación tanto por el nivel de cambio que implica la consecución de sus expectativas, tanto como por el hecho de examinar cualitativamente los procedimientos de los que se sirvieron para alcanzarlos. Así, a grandes rasgos, el procedimiento gubernamental sobre el que se asienta el Despotismo Ilustrado no es sino lo que hoy llamaríamos un golpe de estado inducido por los propios gobernantes, en pos de reforzar no ya su poder, sino su autoridad, buscando reforzar en las clases inferiores el sentimiento, que por otro lado se estaba debilitando, de que el bienestar general dependía ahora, más que nunca, de la confianza que el pueblo llano fuera capaz de aportar respecto de las acciones de esa Clase Dirigente. ¿A alguien le suena lo dicho?

Si ya en aquel entonces, lo dicho es verdaderamente ofensivo, cierto es que intentar aplicar las mismas respuestas a las mismas preguntas, o dicho de otra manera, esperar que los mismos principios conlleven una vez más la generación de las mismas consecuencias, es, verdaderamente, todo un sinsentido. Por eso, el nuevo despotismo adopta formas diferentes, si se quiere más sutiles. La serpiente repta de otra manera, pero siempre es una serpiente. Tiene claro no sólo cual es su objetivo, sino que el tiempo en forma de experiencia, le ha dotado de todo cuanto necesita para alcanzar sus metas.

Uno de esos territorios sin explorar, lo constituyen las nuevas técnicas de disociación de la masa. Su objetivo es claro, apartar al la plebe de la toma de decisiones, no se trata de que el Pueblo no tenga acceso al Poder, o a sus consecuencias más directas, esto es, a la acción de la Administración, la cual ejerce sus actos sobre el propio Administrado; se trata de asegurar que el Pueblo no vuelva a sentir necesidad nunca más de acceder a esos, los resortes del Poder, cediendo definitivamente el control de todos los procedimientos al respecto, a esa caterva disoluta, surgida al abrigo de la propia acción de Poder, que ahora se llama acción de gobierno, y que por ello se convierte en más perversa si cabe, en tanto que diluye el concepto primigenio en sí mismo.

Y para ello, no dudan un solo segundo en boicotear de base el principio fundamental que se hallaba en la base no ya de la revolución que ha dado pie a esta reflexión, sino de todas las que han venido después. Me refiero al hecho de consagrar la tenencia del poder, a los condicionantes que el Pueblo en tanto que de sí mismo, dictamine. El principio, por definición imperante, ha sido conceptualmente suplantado por una serie de interpretaciones, rocambolescas en la mayoría de ocasiones, que ha convertido el ejercicio de la Política en un acto de prestidigitación en base al cual la capacidad de distracción se ha convertido en un recurso muy aplaudido, tanto que ha permitido incluso la reforma de intocables tales como nuestra propia Carta Magna, sin que en contra de lo que pudiéramos pensar, prácticamente nadie haya sentido la más mínima necesidad de moverse o decir nada al respecto.

Y todo, porque ha surgido una nueva manera no ya de hacer Política, sino de gobernar. Una nueva forma que, recuperando los principios del XVII. Considera abiertamente que el Pueblo, a priori último receptor de la acción de gobierno, es tan estúpido que no es ya que esté inhabilitado para tomar las decisiones que más le convengan, es que la estulticia que le envuelve es tal, que le incapacita abiertamente ni tan siquiera para ser capaz de saber qué es aquello que más le conviene.

Nos tratan como a imbéciles, lo edulcoran haciéndonos sentir niños, y luego nos separan de la fuente de peligro, a saber del acceso a los resortes del poder, consolidando una especie de nueva nobleza cuyo aparente poder descansa en el dudoso principio de hacernos creer que son los únicos que parecen encontrarse en posesión de una supuesta verdad inaccesible. En términos cristianos Moisés habrá de volver a descender de la montaña para encontrar a la cúpula de su pueblo adorando a un nuevo ídolo, en este caso, abiertamente, el que representa el poder en sí mismo.

La forma de hacerlo, no es ya que sea clara, es que ya es insultante incluso en sus términos procedimentales. En tanto que el método de elevar al gobernante literalmente por encima del administrado, mediante la aportación de algún tipo de recurso distintivo, tal como podía ser su condición de elegido divino o cualquier otra de las múltiples manifestaciones de las que la historia nos guarda ejemplos, se antoja hoy por hoy de dudoso resultado; la forma que se les ha antojado más efectiva, pasa por separar metódicamente a la Administración de los Administrados. Asistimos impávidos a la regeneración de una nueva casta de burócratas cuya función pasa, a la par que por adoptar las medidas que en principio redunden en el bien común, por adoptar otras cuya consecuencia directa sea la consecución de privilegios que pasan no tanto por el logro de medios materiales, sino conceptuales tales como la consecución de garantías que se traduzcan en su permanencia en el propio Poder, esto es, al frente del propio Gobierno.

De esta manera, la distancia entre Administración y Administrado se acrecienta en términos directamente proporcionales a la necesidad que en cada caso exista de alejar al vulgo de ese principio constitucional según el cual el Poder reside, abiertamente en el Pueblo. Por el contrario, se procede con una burda manipulación que tiene por objeto reforzar la impresión de que los políticos son imprescindibles. Así, el principio según el cual la existencia del principio según el cual la clase política sólo existe en tanto que se convierte en la depositaria procedimental de las voluntades del propio Pueblo, queda dramáticamente superada en tanto que asistimos a la regeneración de una nueva clase política que ha pasado a ser “necesaria”, filosóficamente aquélla que tiene en sí misma la justificación de su existencia.

Y si duro resulta toparnos con la realidad, vil y lamentable resulta analizar los procedimientos argüidos en pos de la consecución.

Todo lo especificado hasta el momento, tiene aparejado una consecuencia dramática, a saber, la absoluta pérdida de respeto al acto político, que tiene su materialización en la pérdida de respeto a la clase política en tanto que tal. Esto tiene un resultado directo, a saber la continua pérdida de esa savia rejuvenecedora que, si es fundamental en cualquier faceta de la vida, se convierte en imprescindible de cara a la acción política. De esta manera, la falta de relevo generacional no es ya algo que afecte a la conformación de los Partidos Políticos. Es algo mucho más grave en tanto que afecta a la incapacidad de éstos para elaborar programas políticos con una mínima dosis de atractivo. Los Partidos Políticos no se renuevan, la esfera política se pudre.

Y este fenómeno tiene en España uno de los lugares donde más impacta, si bien la falta de perspectiva nos impide comprobarlo. A la falta de savia, se une lo polarizado de nuestro espectro parlamentario. Por ello, a alguien debería llamarle la atención el hecho de que el único partido que ha irrumpido en el Parlamento con verdadera fuerza representativa en los últimos años haya sido UPyD, a la cabeza de la cual se encuentra una rebotada en este caso del PSOE; a la par que el Asturias el único grupo que le ha plantado al PP, llegando a ganar en la que allí resultó parodia de formación de gobierno en las elecciones del 22 de mayo pasado fuera FORO ASTURIAS, como sabéis, liderado por ÁLVAREZ CASCOS, de cuyos méritos y orígenes políticos no hace falta hablar.

De verdad, creo que motivos para la preocupación no nos faltan.

Luis Jonás VEGAS VELASCO.